Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Conflictos

Escritor: Álvaro Marín Hoyos | mayo, 2021

El propósito de estas notas es compilar algunas variables fácilmente advertibles en todos los conflictos, algunas de las cuales, si no todas, aplican para el que estamos viviendo.

Duración
Los conflictos son tiempos de violencia, de indignación, de incertidumbre, de turbulencia, de desespero. Pero, para bien o para mal, más o menos tarde, todos terminan.

Algunos se van diluyendo por la fatiga, hasta que desaparecen.

Otros, cuando encuentran violencia como respuesta, desembocan en grupos armados, estructuras militares con vocación de permanecer. Colombia tiene antecedentes sobre este desenlace: las FARC, el M19, las AUC…, para citar unos ejemplos.

La respuesta violenta, proveniente del Estado o de cualquier otro origen, aviva y extiende los conflictos. No los mitigan ni los resuelven.

Otros conflictos terminan en la mesa de negociación. Esta parece ser la solución más deseable, más civilizada y más inteligente. Pero también la más estable y duradera. La humanidad no ha sido capaz de diseñar un camino más inteligente para solucionar conflictos que conversar.

Sin embargo, es claro que de las tres salidas la conversada es la más exigente, como se concluirá de las notas siguientes.

Lenguaje
La proximidad o lejanía de una solución negociada puede calibrarse por el lenguaje que utilizan las partes: no solo por lo que dicen sino por el tono y la agresividad de las palabras que escogen.

El lenguaje refleja el nivel de exacerbación del conflicto, la irracionalidad con la que se vive, el grado de radicalización de las partes. Muestra si lo que cada uno quiere es arrasar con el otro porque desestima o subestima sus razones, o porque se siente lo suficientemente fuerte para imponerle sus puntos de vista, sin tener que negociar.

Expresiones como: corruptos, ladrones, ineptos, explotadores, o: vándalos, malandros, delincuentes, narcotraficantes, extorsionadores, secuestradores, indican que la solución negociada es remota o inviable, que preferimos la salida violenta.

El lenguaje sirve como termómetro de conflictos de cualquier magnitud, desde guerras mundiales hasta confrontaciones laborales o de pareja.

Un cambio en el lenguaje puede cambiar el rumbo de la solución. Pero este cambio suele suceder solo cuando se han acumulado muchos muertos, mucho empobrecimiento y mucha fatiga.

Redes sociales
En los tiempos de ahora el lenguaje cuenta con el vehículo más poderoso que haya existido jamás para producir efectos favorables o perniciosos: las redes sociales. Son un elemento de cuyo poder apenas nos estamos percatando.

No se piensa
En los conflictos las partes están asustadas, furiosas, desesperadas, arrinconadas. Hay ira. Odio. Pánico. Violencia. Las respuestas frente a este estado de alteración emocional no son los que nos dicta la razón sino el instinto. Estas respuestas son tres: atacar, mimetizarse o huir.

Pensar no está en la agenda de los conflictos. Las emociones alteradas no le dejan espacio.

Manada
Durante los conflictos, los comportamientos individuales dan paso a los de manada. Se pierde la individualidad. Cada persona está pendiente de recibir instrucciones de las comunidades a las que pertenece y que le generan confianza: la familia, los copropietarios, el barrio, la empresa, el estrato social, el partido político, la iglesia, el Estado… Aparecen los conceptos de turbas, marchas, manifestaciones.

Intereses
Los intereses electorales o económicos, infaltables en los conflictos, les añaden un ingrediente perverso.

El mejor momento
El mejor momento para resolver los conflictos es antes de que estallen.

Desconfianza
¿Se pierde la confianza en el transcurso de los conflictos, o los conflictos nacen porque se perdió la confianza? La tercera posibilidad es la combinación de las dos.

La desconfianza es probablemente el principal origen de todos los conflictos. Pero es también el principal obstáculo para resolverlos conversando.

La negociación debe iniciarse con gestos que reestablezcan por lo menos una parte de la confianza.

Soberbia y vanidad
Otros obstáculos para negociar conflictos son la soberbia y la vanidad. Pocas personas entienden que ambas son muestras de debilidad.

“Que cedan los otros”, “los buenos somos nosotros y somos más”, “con delincuentes no se negocia”, “la ley y la fuerza están de nuestro lado”, “represión, represión, represión”, no son posiciones negociadoras.

Desesperanza
No puede permitirse que la insatisfacción de las comunidades se convierta en desesperanza. Porque en este estado, los insatisfechos se la juegan a todo o nada, a ganar o a morir.

Es tal la desazón que produce la desesperanza que no les importa inmolarse. En este punto ya no cabe la negociación.

En todos los conflictos hay una minoría de desesperanzados, que asumen comportamientos delincuenciales. Y una minoría de personalidades violentas que muestran en los conflictos su peor versión.

Pero una mayoría quiere soluciones. El ruido de los primeros no puede contaminar la negociación.

Daños
Los conflictos, por definición, son dañinos, destructivos. Dañan o destruyen vidas y riquezas.

Hay que entender que el poder de los alzamientos populares nace de su capacidad para perturbar. Es la herramienta extrema a la que acuden para hacerse oír, cuando encuentran cerradas las otras vías.

La violencia ha servido para conquistar derechos: liberación de los esclavos, derechos de la mujer, pensiones, jornada laboral, derechos humanos… Como decía alguien, “los derechos no se conquistan tocando violín”.

Imponer
Si hay conflicto es porque antes no había normalidad sino extrema insatisfacción. Si en la mesa de conversación no se acuerda un nivel superior de beneficios, difícilmente habrá solución.

Negociar significa ceder para converger, en ninguna de sus acepciones negociar significa imponer. Se supone que en la mesa de negociación las fuerzas en conflicto tienen niveles parecidos de poder.

Civiles armados
La violencia armada de los civiles, le introduce al conflicto una variable adicional que hace más difícil la solución conversada. El abuso de la autoridad o de la fuerza son el combustible para la continuidad de los conflictos y un obstáculo para conversar.

Civiles desarmados
Las manifestaciones desarmadas de la población civil son un factor que contribuye eficazmente a ambientar una solución negociada.

Escuchar
Escuchar para entender sigue siendo el arma más poderosa para superar cualquier conflicto por la vía conversada. Pero la soberbia y la vanidad cierran casi siempre esta posibilidad.

Presencia de un tercero
Si entre las fuerzas confrontadas no hay un líder que genere confianza, que esté más allá de la soberbia y la vanidad, conviene buscar la participación de un tercero, acordado entre las partes. Puede ser un organismo internacional o una personalidad de reputación intachable.

Primer paso
Alguien tiene que dar el primer paso para resolver un conflicto. Solo que exige grandeza, que no es una condición humana muy frecuente.