Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Dejémonos de hipocresías

Claudia López ya ha metido la pata, bien al fondo, dos veces con el tema de los venezolanos que están en el país. Se ha referido, según algunos ortodoxos del purismo criollo, con ataques xenófobos contra la población migrante del vecino país.

Al caso de López se le pueden añadir unos cuantos más, sin embargo, no me voy a poner a hacer listas, con lo dicho por la alcaldesa y con lo dicho por la periodista Claudia Palacios, tengo suficiente material para hacer, primero, una crítica a eso que tanto purista, moralista y defensor de los de allá pero no de los de acá llaman xenofobia, y, segundo, para decir algo muy simple: dejémonos de hipocresías.

Sí, en Colombia hay xenofobia contra los venezolanos y hasta contra los chinos, es más, hasta contra los de otro departamento del mismo país. Hay racismo, hay clasismo, hay todos los ismos que nos queramos imaginar, porque esa es la cultura, maldita cultura, del país del sagrado corazón de Jesús. Nos las damos de redentores para crucificar a otros, mientras en secreto comentamos, con la misma expresión de la mamá de Ligia Elena, aquél clásico de Rubén Blades, aterrados de ver a tanta gente de allá invadiendo andenes, separadores y calles. Y he escuchado, incluso, algunos de esos “redentores” quejarse porque en la panadería del barrio ya no atiende el paisa sino el “chamo”.

Imagen tomada de eluniversal.com

La pregunta aquí es: ¿a qué diablos estamos jugando? ¿Vamos a condenar a unos por decir la verdad? ¿Por qué no nos indignamos de la misma manera cuando en otros países matan o judicializan a colombianos que están delinquiendo? ¿Por qué no hablamos de xenofobia cuando dicen que efectivamente habían colombianos miembros de bandas criminales en Europa o en Estados Unidos? ¿Dónde queda la redención y el purismo criollo cuando señalan a los que son de acá de lo mismo que acusan a los que son de allá enseguida?

No nos digamos mentiras, es que para señalar la tenemos firme y lista y más si se trata de políticos, pero tampoco tapemos el sol con un dedo, hay una percepción de inseguridad en las ciudades y no solamente por los delincuentes propios sino también por los que vienen de afuera. Son cosas de calle que no tienen en cuenta las organizaciones, ni los entes gubernamentales, ni esos que se indignan cuando se trata este tema, lo siente el ciudadano de a pie. El mismo al que le toca pasar por otras calles porque ya no solamente “parchan” en la esquina los peligrosos de siempre sino los que han llegado de otro lado.

Ahora, rásguese las vestiduras conmigo, pero así son las cosas. Eso sí, hablemos claro y no generalicemos. Yo sí, abiertamente, comparto lo que dice la alcaldesa de Bogotá, el que venga a delinquir, que sea deportado, ya suficiente tenemos con los que hay aquí en este magno territorio. Y así como comparto esto, estoy de acuerdo con el hecho de que el colombiano que esté delinquiendo en otro país sea deportado. Ni tenemos el derecho de ir a cometer delitos a otro territorio ni tenemos porque permitir que vengan y comentan delitos aquí. Insisto, ya suficiente hay con los delitos que comenten los delincuentes propios y gran abanico el que tenemos.

Las cifras del gobierno son claras, los delitos de venezolanos en Colombia no llegan ni al 3%. Esto es excelente, pero no es argumento para decir que no hay algunos cometiendo actos ilícitos. Además, tengamos en cuenta algo, muchas personas en Colombia prefieren no denunciar por lo engorroso del proceso, entonces, siendo sinceros, ¿podemos afirmar ciento por ciento que la cifra de delitos, en este caso, es tan baja?

Así las cosas, el que venga a hacer el bien y a aportar a la sociedad, genial, pero no se puede permitir que algunos lleguen a delinquir y encima de que es un proceso judicializarlos y deportarlos, no se pueda decir nada porque salen las madres de Calcuta y los papas redentores a decir que se está siendo xenófobo. No seamos hipócritas ni actuemos de preferentes, si señalamos a los colombianos delincuentes, estén donde estén, tengamos el mismo criterio para pedir que caiga el peso de la ley sobre los extranjeros que delinquen en nuestro país.

Hago una aclaración que me parece pertinente y que no está, considero, lo suficientemente explicita en el texto. Muchas personas hemos sido migrantes en algún momento de nuestras vidas, hemos llegado a un territorio nuevo y, en algunos casos, se han denunciado episodios de xenofobia, algunos, incluso, con desenlaces terribles pero en muchos de esos casos hay un diferenciador gigantesco: no se estaban cometiendo delitos.

Es evidente que la idea tampoco es echar toda el agua sucia a los extranjeros, pero tampoco se trata de decir que todos son unos santos sudando al calor de las velas y menos cuando se está viendo, casi a diario, y no solamente en medios de comunicación, sino también en videos, testimonios y fotos compartidos por el ciudadano de a pie, que hay algunos migrantes que llegan al país y se vinculan con el crimen.

Tal vez lo que le falto a Claudia López fue hacer énfasis en el porcentaje de delitos cometidos por venezolanos antes de decir su afirmación, yo, además, le habría agregado el porcentaje de delitos cometidos por extranjeros en general. Pero dentro de todo, fue sincera, hay personas del vecino país inmersas en la delincuencia y para estos casos lo mejor es deportar, vetar la entrada al país y, por supuesto, un mayor control fronterizo que frene la entrada de personas extranjeras con antecedentes judiciales en Colombia.