Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Descachadas idiomáticas

Jairo Cala Otero | Pulzo.com

[…] La desidia por la gramática castellana, pilar fundamental de ese oficio, sigue campeando en las salas de redacción. Pero nadie corrige. ¡Es un descuido enorme!

«El nuevo dirigente conservador ‘transfuguista’ aseguró que el uso de las amenazas con expulsión y destierro…». A raíz de la ley que en Colombia permite que un militante de un partido lo abandone para matricularse en otro, a algunos periodistas les dio por inventar el adjetivo «transfuguista». Aunque lo escriban entre comillas (sencillas o dobles), es errado. En realidad, lo que quieren decir es tránsfuga, vocablo perfectamente castizo, incluido en el diccionario de la Real Academia Española (RAE). Así se llama a la persona que va de un partido político a otro.

«Me reservo el derecho de vestirme como me de la gana». Esta sentenciosa y retadora afirmación la tenía inscrita en su espalda una muchacha, semidesnuda, cuya fotografía apareció en el periódico El Nuevo Día (Ibagué). Primero, no estaba vestida, luego la frase es discordante con el mensaje que pretendía enviar la chica. Segundo, la palabra  (flexión del verbo dar) requiere tilde diacrítica en este caso para diferenciarla de la preposición ‘de’, que no lleva tilde y que significa contenido o pertenencia. Poniéndole «ropa» gramatical a la sentencia de la chica desnuda, la oración queda así: «Me reservo el derecho de vestirme como me dé la gana». Así no se le ven las «protuberancias» antilingüísticas a la niña.

«Y el gobierno del presidente XX cómo lo ve en relación con esas prioridades». En una entrevista del tipo pregunta respuesta, en el periódico El Frente (Bucaramanga) escribían de esta forma uno de los interrogantes. Acusa dos desmanes idiomáticos: 1. En vez del artículo ‘el’ debió escribirse la contracción ‘al’, puesto que se le preguntaba al entrevistado por su opinión acerca del gobierno ejercido por un presidente. «¿Y al gobierno del presidente XX cómo lo ve…?». 2. Omitieron los signos de interrogación, que para estos casos son insustituibles. Corrección: «¿Y al gobierno del presidente XX cómo lo ve, en relación con esas prioridades?».

«Llevaba la camisa de su novia colocada». ¿Quién será esa mujer «colocada»? ¿En dónde estaría «colocada» la novia? Eso es lo que sugiere esta expresión. Pero el texto daba más adelante otros detalles que indicaban otro asunto: un hombre se había puesto la camisa de su novia. Para que hubiese sintaxis en la oración debió escribirse así: «Llevaba puesta (no colocada) la camisa de su novia». Ese es el derecho. ¡De la camisa y de la oración!

«Son exactamente más de diez mil usuarios». Lo que hace el hablar por hablar, o escribir por escribir; es decir, sin meterle testa a la construcción gramatical de lo que se quiere comunicar. Si son más de diez mil usuarios, entonces no es exacta la cifra, porque excede esa cantidad. Cabría el adverbio ‘exactamente’ si la cifra fuese, por ejemplo, 10 650. Pero como hay un sobrante, que no se determina de momento, el adverbio ‘exactamente’ sobra. La expresión precisa es: «Son más de diez mil usuarios»; o también: «Son más de 10 000 usuarios».

«Pero no todos están en capacidad de direccionar a otros». En una nota sobre conductas humanas, en el periódico Vanguardia (Bucaramanga), se usó un verbo espurio: direccionar. Muchos creen que el idioma español funciona por copias que se hacen del inglés (to direction, en este caso). A algunos no les parece suficiente la abundancia de nuestro idioma en sinónimos, giros, locuciones adverbiales, locuciones conjuntivas y una ilimitada diversidad de léxico. Lo extraño es que esos mismos copiones no quieren a los estadounidenses, pero les encanta usar su idioma a pedazos, mezclado con nuestro idioma. ¡Vaya contradicción!

«Pero donde esta el kit de la cuestión?, simplemente no creemos en la capacidad de nosotros mismos…». La afirmación es legítima, pero no lo es su escritura. Así lo hizo un «forista» (nombre erróneo con que llaman a los opinadores en los periódicos), en un diario regional del Oriente de Colombia. Veamos este desorden: 1. El signo de interrogación no aparece al iniciar la oración. 2. Faltó la tilde en dónde, pues se trata de una interrogación. 3. También se omitió tilde en el verbo está. 4. El vocablo indicado era quid, no kit (equipo). 5. Después del signo de interrogación que cierra la oración, como él tiene el punto final incluido, lo que sigue debe escribirse con mayúscula inicial. Arreglemos: «Pero, ¿dónde está el quid de la cuestión? Simplemente, no creemos en nuestra capacidad…».

¡Hablar y escribir bien, el reto de hoy!

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