Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

¿El derrumbe de un imperio?

«A los imperios no los derriba nadie «dice».
Se pudren por dentro, se caen solos»
Rodolfo Walsh

Somos espectadores “privilegiados” de un momento histórico sin igual, en el que confluyen distintos factores en la configuración de nuevas formas posibles de sociedad, distinta a la opresora y unidimensional que se venía trazando por las grandes corporaciones y gobiernos, y con ello, al delineamiento de un nuevo rumbo para la vida en el planeta, no solo para la especie humana, sino para todo el conjunto de los seres vivientes que en él habitan; si bien se había anunciado desde finales del año 2019 una crisis económica a nivel global, que desembocaría probablemente en una recesión mucho más aguda que la de los años treinta del siglo pasado, y ante lo cual los poderes hegemónicos se estarían planteando las estrategias correspondientes que les permitiera superarla sin tener que hacer mayores sacrificios, lo cierto es que la pandemia del covid-19 ha llevado la situación a unos extremos insospechados, hasta parar la gran maquinaria de producción y depredación de recursos, y con ello, a desestimular el hiper-consumo que es característico de esta era del vacío, tal como llamara Guilles Lipovetsky a esta época dominada por el hedonismo del ser humano.

A la par de estos acontecimientos se fue agudizando la crisis en la hegemonía que a nivel mundial ejercía los Estado Unidos, ante el ascenso de la República Popular China como nueva potencia económica y comercial, el reposicionamiento de la Federación Rusa como actor político capaz de generar aliados comerciales y estratégicos en este extremo del planeta, y la desestabilización generada por el dominio de las reservas de petróleo, que se intensificó con presiones cada vez más fuertes a países como Venezuela e Irán, a lo cual se suma un manejo arbitrario de la política monetaria, que afecta la capacidad adquisitiva principalmente en los países que han sido tradicionalmente marginados del poder mundial, una creciente concientización ecológica y medio-ambiental a la cual es renuente el gobierno de los Norteamericanos por su vocación petrolera y consumista, una creciente y descomunal fuerza militar que absorbe gran parte del presupuesto y los recursos de la Nación, en fin, se trata de la concurrencia de incontables factores que le han llevado a librar pulsos de fuerza que le debilitan progresivamente, al tiempo que le deslegitiman ante la comunidad internacional.

Pero los nuevos ingredientes que han llevado a tambalear aún más al imperio, ya que afectan internamente la gobernabilidad y credibilidad en las instituciones, (y que también cuestionan la sensatez del pueblo mismo al momento de escoger a sus gobernantes), tienen que ver, por un lado, con la forma en que el señor Donald Trump, ha tratado el problema de la pandemia por covid-19, la que negaría inicialmente, para después, ante lo evidente de su peligro, desestimar sus alcances (del cual diría que dejaría entre 50 mil y 60 mil muertos, y ya va por casi 120.000), pasando por la estupidez de sugerir el consumo de desinfectante para prevenir o curar el contagio del virus, negar la necesidad del confinamiento preventivo de los ciudadanos, etc., en fin, toda una descomunal torpeza que inclusive ha llevado a muchos a pensar que estamos ante un genocidio en el acto, es decir, provocado por el propio gobierno. La situación sería salvada en parte por las decisiones que adoptaron de manera independiente los mandatarios locales, es decir, Alcaldes y Gobernadores.

Por otro lado, tenemos el racismo estructural que el propio mandatario estadounidense ha venido alimentando y estimulando entre los sectores más radicales de la población, pero principalmente en el personal de Policía que, después de una cadena de abusos y tratos humillantes hacía la población afrodescendiente (y latina, entre otras) llegó a su punto más crítico con el asesinato, frente a múltiples cámaras de celulares que grababan, del ciudadano George Floyd, desatando multitudinarias manifestaciones de rechazo y de violencia a lo largo del país, con subsiguientes y similares expresiones de repudio en países de diferentes continentes. Si bien las causas abanderadas por un Martin Luther king, un Malcom X, o unas Panteras negras, llevaron al reconocimiento de los derechos civiles y políticos para la comunidad negra de Estados Unidos, lo cierto es que el racismo siempre permaneció allí presente, manifestándose aquí o allá, de manera expresa o soterrada, pero intensificándose en los últimos años gracias a un gobernante que representa la antítesis de esa sociedad liberal y democrática que se dice ser la norteamericana.

La historia de la humanidad da cuenta de innumerables Imperios que, llegado el momento, fueron decayendo por la convergencia y cúmulo de acontecimientos y circunstancias, muchas veces imperceptibles para el propio Imperio (el poder enceguece) que, impulsados y liderados por hombres y mujeres excepcionales, fueron dando forma a nuevos procesos y realidades, con capacidad de destruir y transformar las bases de la cultura y del poder dominante.

Es probable que estemos presenciando, como en el episodio final de El club de la pelea, la implosión de un Imperio que no supo respetar la libre autodeterminación de los pueblos, y en consecuencia, de relacionarse armónicamente con ellos; que desafió la voluntad dominante a nivel mundial que se dirige a reconciliarnos con el medio ambiente, buscando que hagamos un uso racional de los recursos naturales de los que disponemos; que por su prepotencia creo el más grande ejercito jamás visto en la historia de la humanidad, con la mayor y más avanzada tecnología, a costa de invertir inmensos capitales que le hacen insostenible; que menospreció el poder de la naturaleza al expoliarla sin medir los resultados, y que, a la par, no supo reconciliar a sus propios habitantes, enseñándoles que solo existe una raza, la raza humana, que tiene por “primos”, tal como lo dice Fernando Vallejo, a cuanta especie animal habita en este planeta.

Dicter Zúñiga

Abogado