El oficio de ser taxista

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Jorge Sánchez es un taxista de 48 años que un día se quedó sin trabajo y decidió empezar a manejar el taxi de un amigo en turno de noche, hoy cumple 15 años en el oficio.

A causa de la liquidación de una empresa, Jorge se acercó sin saberlo al que es hoy su fuente de ingreso. El lugar donde trabajaba cerró y en medio de esa situación, un amigo cercano le dijo “Ahí tengo un taxi para manejar”, sin dudarlo dos veces tomó la decisión de hacerlo.

Lo primero que organizó fue el cambio de su licencia de conducción para empezar a estar al día en todo lo que necesita un taxista. Iniciaba con un turno a las 4 de la tarde y finalizaba a las 4 de la mañana, con un total de 12 horas de trabajo, acompañado de otros compañeros, como es de costumbre en la noche. El monto de “entrega”, en el 2005, era de 25,000 mil pesos, además debía tanquear el carro y entregarlo lavado.

Actualmente, el turno de Jorge es “largo”, sale muy temprano de la casa, a eso de las 6 de la mañana, no tiene rumbo fijo para empezar el día pero se apoya de las plataformas digitales de servicio de taxis para evitar ir por las calles intentando conseguir algo,  su jornada termina a las 10 de la noche, sumando 16 horas diarias, el doble de un trabajador promedio en Colombia.

Aunque no cuenta todas las carreras que hace diarias, calcula que debe hacer por lo menos 30 viajes que suman 180 mil pesos que le sirven para cumplir con los 65 mil pesos de la entrega, lo que consume en gasolina (En promedio $40.000 diarios) y la manutención mensual de su hijo, quien está al cuidado de su expareja, y su propios gastos. En aquellos días que no le alcanza para cumplir con esas obligaciones, prefiere tomar todo con calma, con la esperanza que el siguiente día será mejor que el anterior.  

En sus 15 años de experiencia, Jorge Sánchez ha podido conocer en profundidad el gremio de los taxistas, tanto porque hace parte de el, como porque rechaza muchas actitudes y situaciones que pasan con ellos. Tiene una visión crítica y coherente de las problemáticas que se han presentado y que lo afectan directamente.

Es  consciente que la desconfianza de la gente hacía los taxistas ha existido desde hace mucho tiempo, “los conductores no se capacitan”, es lo que comenta sobre la situación y que los dueños de los carros, en parte, tienen la responsabilidad:

“Hay mucha gente que le da un carro a cualquiera para que lo maneje y ni siquiera le interesa cómo se viste la persona o cómo se mantiene de limpio el carro. Eso hace que la gente se haya retirado”

Con miedo dice que la seguridad de ellos no la tienen en cuenta, “Yo cargo a alguien y yo no sé quién es, va detrás de mí, en la espalda, y en muchas ocasiones uno recoge a alguien y las piernas le va temblando a uno”, reflexiona para que se tengan en cuenta las dos vidas.

A Jorge le gusta estudiar y capacitarse para prestar un buen servicio y aportar al mejoramiento de la percepción que tienen de los taxistas. Tiene una certificación de Taxista Profesional del Servicio Nacional de Aprendizaje- SENA, donde recibió clases sobre normas de tránsito, primeros auxilios, sitios turísticos, relaciones humanas. De igual forma, se certificó como Experto en Calidad Turística por el Icontec.

A diferencia de sus compañeros, Jorge, aprovecha los espacios que le ofrecen para aprender y lo hace los días en pico y placa.

La historia de Jorge es una pequeña muestra del día a día de los conductores de taxi en la ciudad. El se ha mantenido prestando un buen servicio y siendo respetuoso con sus demás compañeros.  No puede tener su propio taxi, aunque quisiera, para él es muy costoso adquirir un “cupo” que le permita andar por las calles de Cali. Jorge, nos cuenta la historia en su voz.

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