Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

El techo de cristal

No me cabe duda de que para muchas personas la expresión que da título a este artículo evoca un hermoso techo de cristal tal como lo podemos encontrar en algunas imágenes y fotografías. Un techo de cristal es algo que deja pasar la luz, es similar a un ventanal que está allí, pero no lo ves. Algunas personas distraídas podrían intentar atravesarlo sin ver el cristal que impide el paso. Un techo de cristal no se ve a simple vista, pero no se puede atravesar.

Pues bien, esta expresión fue utilizada por la investigadora social Marilyn Loden, consultora laboral estadounidense, Loden fue la primera en hablar acerca del techo de cristal en 1978, argumentó que las mujeres no lograban ascender a la cima profesional debido a una cultura que obstruye toda aspiración femenina y no fomenta una equidad de oportunidades. En 1979, este concepto se empieza a popularizar gracias a la intervención de Katherine Lawrence, empleada de Hewlett-Packard, en la Conferencia del Instituto de Mujeres para la Libertad de Prensa. Lawrence hizo uso de esta metáfora para referirse a la disparidad existente entre la política de ascenso y las oportunidades reales en el entorno laboral para las mujeres profesionales.

Las mujeres pueden llegar a ocupar cargos en la gerencia media de una empresa, pero allí se detienen y se atascan. No les es posible acceder a la cima. El techo de cristal es insuperable, así las mujeres profesionales tengan toda la formación y las competencias para llegar a la cima.

Lo que explican estas investigadoras es que existen una serie de impedimentos culturales y políticos que les impiden avanzar. Esos impedimentos no están escritos, en ninguna ley o reglamento. No hay ningún artículo o cláusula escrita que diga que una mujer no pueda ser presidente de una Junta Directiva en una gran empresa, o que no pueda ser directora general de un banco o de un gremio económico. Sin embargo, y a pesar de demostrar todas sus competencias, las mujeres no pueden romper el techo de cristal.

Existe muchos argumentos culturales para impedir el avance de las mujeres, el primero es que, si una mujer es la gerente de una empresa, la empresa pierde prestigio. También se argumenta que las mujeres no tienen el carácter ni la apariencia para desempeñar puestos de mando o dirección. El techo de cristal está compuesto por una serie de barreras invisibles que impiden a las mujeres ascender hacia los niveles superiores de la escalera corporativa, independientemente de sus calificaciones o logros. La inequidad se refleja a nivel laboral para las mujeres, quienes se ven limitadas (si no es que impedidas) de ascender laboralmente. Esa frustración es generalizada y aparece en todos partes del mundo.

En su último informe ONU Mujeres afirma que según la lista Fortune 500 en junio de 2019 se alcanzó un hito y se registró la mayor cantidad de mujeres en el cargo de directoras generales. Si bien cada nueva mujer es una victoria, la suma total muestra un panorama desolador: de las 500 personas en puestos de jefatura ejecutiva que lideran las empresas con mayores ingresos en el mundo, menos del 7 % son mujeres. El informe muestra datos muy preocupantes que dejan ver que el techo de cristal existe en todas las áreas profesionales y que incluso en los espacios de la cultura y el entretenimiento el avance es aún más precario. Visualizar los datos: La representación de las mujeres en la sociedad se puede ver en su sitio web https://www.unwomen.org/es/digital-library/multimedia/2020/2/infographic-visualizing-the-data-womens-representation

Si se analiza la mano de obra en su conjunto, la brecha para las mujeres en la participación en el mercado laboral entre personas adultas en edad laboral (de 25 a 54 años) se ha estancado en los últimos 20 años. La mejor educación que reciben las mujeres no ha contribuido mucho a modificar la segregación ocupacional, que está profundamente arraigada en los países desarrollados y en desarrollo. Las mujeres siguen realizando la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. En los países en desarrollo, esto incluye tareas arduas como la recolección de agua, cuya responsabilidad recae en las mujeres y niñas que habitan en el 80 % de los hogares sin acceso al agua.

Estos datos que podrían ser considerados irrelevantes para la economía muestran una gran injusticia social con las mujeres y las niñas y representa un obstáculo para la construcción de sociedades y empresas más eficientes y equilibradas.

Construir un futuro sostenible para todas y todos significa no dejar a nadie atrás. Las mujeres y las niñas son fundamentales para encontrar soluciones a los desafíos más importantes que enfrentamos en la actualidad y deben ser escuchadas, valoradas y celebradas por toda la sociedad, de modo tal que se vean reflejadas sus perspectivas y elecciones respecto de su futuro y del progreso de la humanidad.

¿Cuántas generaciones más habrá que esperar para que las mujeres y las niñas ejerzan sus derechos humanos fundamentales?

Por: Vilma Penagos Concha.