Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

¿En qué curso se matriculó?


Aun cuando usted no lo crea y no lo sepa, ahora está admitido en un curso. Usted está en este momento aprendiendo algo. Por lo tanto está matriculado en un taller, seminario o asignatura, como quiera llamarlo, porque tanto usted como yo, como sus vecinos o familiares o sus compañeros de trabajo o Universidad, todos, absolutamente todos, estamos aprendiendo algo. Para eso es que venimos. O si lo quiere con otro lenguaje, para eso es que vivimos. Para aprender. Cada quién tiene que cursar una asignatura diferente. Todos y todas somos contemporáneos, vivimos en la misma época, como quien dice «asistimos» a la misma Universidad. Pero no estamos presentes en la misma asignatura. No tenemos que aprender lo mismo.
Cuál es curso? Fácil de encontrar la respuesta: qué es lo que más le talla en la vida? Qué es aquello que no soporta? Qué es aquello que lo saca de casillas o que lo sume en la depresión o que lo vuelve insoportable? En esa persona cercana a usted, qué es aquello que no tolera? Sí, aun cuando suene sorprendente, vinimos a aprender lo que todavía no sabemos. Es decir, lo que todavía no dominamos. Lo que todavía nos mortifica o perturba. Lo que no logramos asimilar o aceptar. Para un niño de Segundo primaria las matemáticas de Segundo son dificilísimas. Pero si este niño está en Octavo, las matemáticas de segundo ya le son facilísimas. Cuál es la diferencia? Simple y llanamente que ya las aprendió, por lo tanto dejaron de ser complicadas. Entonces todo aquello que hoy por hoy le cueste trabajo para vivir, es el curso, la asignatura que tiene que adelantar. Y que, aun cuando se muera de la rabia y la impotencia, no ascenderá de curso hasta que no la aprenda. Por eso, «pasa examen» a diario. Y es allí donde puede comprobar si ya está listo, es decir, si aprobó la materia porque ya la domina.
Pero he allí la paradoja de la condición humana: si ya la aprendió, ya no le talla, dejó de tener importancia. Y viene otra. Otro curso por aprender. Ese es el sentido de la vida! Aprender lo que no sabemos. Aprender lo que nos talla y mortifica porque vivimos para crecer espiritualmente. Las personas cercanas a nuestras vidas están allí para servirnos de «instrumentos de aprendizaje». Pero su misión no es enseñarnos. Ni la de nosotros enseñarles a ellas. Cada quién está en su propio curso. Sólo que todos los cursos de nuestros contemporáneos son a la vez, en el mismo momento y algunos se cruzan. Pero no son la misma materia. El estar aquí, en la vida en estas circunstancias fue «libremente» escogido por cada quién porque es lo que nos falta para seguir creciendo, para poder ser parte de esa energía cósmica o parte de Dios, o como quiera llamarlo. Y ojo, no se asciende de curso hasta que no se apruebe. Y entre mas se resista a aprenderlo, mas trabajo le costará superarlo y mas se demorará en aprobarlo. Aun mas es posible que la persona que mas lo mortifique sea su «alma gemela». Si sórprendase, la expresión de «alma gemela» como aquella que lo entiende, lo chocholea, lo acaricia, le acepta todo, no es tan válida en el terreno del camino espiritual. Es posible que su alma gemela esté allí precisamente para «tallarlo» y que usted pueda aprender el curso que todavía no ha aprobado. De allí que el mal como se conoce en el mundo material no existe para el mundo espiritual. El denominado mal es su «examen» para aprobar la materia. Si usted tiene, por ejemplo, que aprender a perdonar existirá alguien en el mundo que lo va a mortificar, o que le va a hacer daño para que usted pueda «aprobar» el curso del perdón. O sino como esperamos superar el curso al cual estamos matriculados? Nunca jamás será en teoría. Y allí donde mas nos talla, mas aprendemos.