Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

¿EN VERDAD, LOS TACONES NOS HACEN LUCIR MEJOR?

El pasado mes de marzo visité una empresa productora de artículos para el cuidado del cuerpo y del cabello. Tenía una cita con el gerente para solicitar apoyo a una actividad en conmemoración del 8 de marzo, día Internacional por los derechos humanos de las mujeres.

El lugar se veía bien dispuesto. La zona de las oficinas estaba ocupada, en su mayoría, por mujeres y la zona de producción por hombres. Esto no es una novedad; aunque con el tiempo se empiezan a generar cambios en las áreas de trabajo y eso está bien.

Mientras esperaba, me puse a observar a las personas que allí estaban. Lo primero que llamó mi atención fue la gran diferencia en la manera de vestir. Mientras los hombres estaban vestidos con cómodos pantalones, camisas amplias y frescas, zapatos de suela gruesa, anchos y firmes; las mujeres llevaban unos trajes ceñidos, de telas sintéticas que no dejan respirar el cuerpo, medias veladas y, para rematar, encaramadas en zapatos de tacones altos, entre 12 y 14 cm, algunas con plataformas que las hacían caminar como si llevaran pesadas cadenas, salvo la señora de servicios generales, que iba con zapatos parecidos a los de los hombres. Sus rostros estaban cubiertos de gruesas capas de maquillaje, en algunas, eran evidentes las pestañas postizas, lo que me hizo pensar que iban a un baile o a un carnaval donde tenían que ir disfrazadas. De pronto, una de ellas se levantó para llevar unos documentos y vi cómo se desplazaba con esfuerzo en sus aparatosas cadenas, sus tobillos se balanceaban de un lado a otro, yo podía ver el gran esfuerzo de sus músculos al tratar de mantener el equilibrio sobre los improvisados zancos.  Finalmente, el gerente me recibió con mucha cordialidad. Iba vestido holgadamente con ropa de algodón muy fina y bien cuidada.

Esta escena es habitual en el mundo laboral y nadie la encuentra cruel, incluso, la mayoría de las mujeres aseguran no tener dolencias a causa de los tacones, ni de estas telas ni de esos maquillajes.  Otras afirman que con tal de “lucir bien” están dispuestas a sufrir estas molestias. Lo cierto es que las evidencias demuestran lo contrario. Muchas luxaciones de tobillo tienen que ver con el uso de tacones en el trabajo.  Un estudio realizado en España en 2017 y publicado en la revista https://www.webconsultas.com/belleza-y-bienestar/habitossaludables/tacones-una-moda-peligrosa-para-la-salud-12100  señala que: “Muchas mujeres están dispuestas a soportar dolor para lucir sus tacones favoritos”. Por su parte, la revista /https://saludsifre.com/lesiones-comunes-andar-con-tacones/ alerta sobre los daños que provoca el uso prolongado de tacones altos, lesiones como juanetes, tendinitis, o artrosis de rodilla, esguinces, fracturas, dedos en martillo, y afecciones en la región pélvica.

El empresariado, los gremios económicos y las mujeres trabajadoras deben saber esto y tomar medidas al respecto. Recientes estudios afirman que las mujeres sufren hasta cuatro veces más lesiones y problemas en los pies que los hombres, la mayoría de ellos causados por el uso de tacones, tanto en el trabajo como fuera de él (cenas, fiestas, etc.). En Estados Unidos, el 90% de las 800.000 intervenciones anuales que se realizan para corregir las patologías del pie se practican en mujeres y por estas causas.

La exigencia sobre la forma de vestir no está escrita en ningún protocolo laboral; pero cuando una mujer va a una entrevista de trabajo ya sabe que debe ir vestida de acuerdo a una etiqueta preestablecida por la cultura y la ética del buen vestir que no tiene en cuenta ni su salud ni su bienestar. Se les exige estar bonitas y seductoras, además ser o parecer jóvenes, como si fueran parte de la decoración o si su rol en la empresa fuera seducir. Los hombres no están sometidos a un código de vestimenta tan absurdo como el que deben cumplir las mujeres. Además, la exigencia en el vestir no se corresponde con los salarios que perciben, muchas de ellas gastan un gran porcentaje de su salario comprando a crédito, ropa, zapatos y accesorios. Todo esto que parece tan normal es una forma de opresión contra las mujeres trabajadoras.

Es por esto que, en Japón, una cultura tan lejana a la nuestra, pero donde las exigencias son igual o más estrictas para las mujeres, una joven llamada Yumi Ishikawa, inició una campaña para alertar sobre el daño que esta obligación genera en las mujeres. Yumi Ishikawa era empleada en una funeraria, y asegura que la obligaban a llevar tacones de entre 5 y 7 centímetros durante toda su jornada laboral lo que le provocaba fuertes dolores en los pies y en la espalda. Inició una campaña en redes sociales que se volvió viral. La campaña lleva por título #KuToo, un juego con las palabras ‘kutsu’, que significa ‘zapato’, y ‘kutsuu’, que significa ‘dolor’ en japonés. Las activistas aseguran que en Japón el uso de tacones es obligatorio en el mundo laboral. Ishikawa, afirma: «Espero que esta campaña modifique la norma social para que no se considere de mala educación que las mujeres lleven zapatos planos como los hombres».https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-48584498.

Es importante que, en Cali, nos empecemos a plantear si realmente es necesario que las mujeres lleven tacones en las horas de trabajo, puesto que esta costumbre les está causando daños en muchas ocasiones irreparables, incluso, en aquellas que afirman con contundencia no tener molestia alguna.

Los datos mundiales afirman que las mujeres empleadas ganan un 25% menos que los hombres y se ven obligadas socialmente a invertir fuertes sumas de dinero en su atuendo personal. Women Economic Forum, señala que si bien, el mercado laboral colombiano cuenta con mayor presencia de las mujeres (65 %), la brecha salarial está en un 17%. Es decir que ocupan los mismos cargos con las mismas responsabilidades y perciben un salario inferior. http://www.senado.gov.co/index.php/prensa/lista-de-noticias/380-en-colombia-aumenta-brecha-laboral-entre-hombres-y-mujeres.

El empresariado debe tomar conciencia de esta grave situación y cambiar de perspectiva, si los tacones no son una obligación de la que depende el acceso al trabajo, las mujeres no los utilizarán más y tendrán menos problemas de salud en la edad adulta y más bienestar.

Por: Vilma Penagos Concha