Energías Renovables

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«¿La falacia del siglo XXI?»

En toda actividad humana que acometamos generamos un impacto sobre el medio ambiente. Muchas veces es difícil identificar o evaluar que tan perjudicial ese impacto es. Nos quejamos de que nuestra forma de vida va a acabar con nuestro planeta, pero nos equivocamos; nuestra forma de vida está convirtiendo al planeta en un sitio que no podrá albergarnos si no cambiamos nuestra manera de actuar, pero el planeta seguirá adelante aún sin nosotros, tal vez mejor sin nosotros.

Hace mas de 60 años, los científicos nos vienen advirtiendo sobre el calentamiento global, y creo que para la mayoría de nosotros es claro que la temperatura media del planeta está subiendo consistentemente generando un cambio climático y que la causa es la actividad humana. Desafortunadamente, es un problema de escala mundial y mientras se elijan líderes como Trump y Bolsonaro que solo buscan sacar provecho para ciertas partes de la humanidad, la desunión en la búsqueda y avance de soluciones seguirá siendo nuestro peor enemigo.

Nos han vendido que las fuentes renovables de energía son la solución, y las granjas eólicas y solares acapararon gran parte de la inversión en las primeras 2 décadas de este siglo, solo para encontrar que en la fabricación de los paneles solares, baterías y turbinas se contamina tanto que muchos están empezando a tener remordimientos de haber reemplazado las termoeléctricas.

Y es que no solo se contamina creando las partes iniciales de las granjas solares y eólicas, ni cuando se fabrican las partes que hay que estar reponiendo cuando pierden eficiencia en pocos años de uso, sino que además ocupan grandes extensiones de terreno afectando los ecosistemas.

Examinando varios estudios comparativos, la energía que menos termina contaminando resulta siendo la energía nuclear, a pesar que casos como los desastres de Fukushima o Chernobyl dejan claro los riesgos en este tipo de generación de energía.

De hecho cualquier planta generadora trae impactos medioambientales durante su construcción y operación. Y entre mas grande la capacidad de la planta mayor es el impacto. Y como los proyectos son llevados a cabo por empresas comercializadoras de energía, siguiendo el modelo de prestación de servicio eléctrico tradicional, las plantas que se construyen siempre son grandes.

Es mi parecer que si en lugar de hacer granjas solares o eólicas, se instalan los paneles y turbinas sobre los tejados de las casas el modelo funcionaría mejor, y con el uso de baterías, incluso se reduciría el costo e impacto de los sistemas de transmisión. Como todo, esto depende, pues en ciudades densamente pobladas, con edificios de muchos pisos, el área de cubierta no sería suficiente para suplir la demanda, pero en los pueblos y barrios con edificios hasta de 2 pisos, el área de cubierta podría ser suficiente. Lo que pasa es que el costo inicial es tan alto que el usuario nunca se embarcaría en esa inversión. Pero, ¿que tal si una empresa de servicios públicos innovadora invierte en poner los paneles y baterías sobre tu casa y te cobra mensualmente en una especie de leasing? Ese es un modelo que se puede explorar.

De todos modos, la ventaja que tenemos en Colombia es que el 70% de la energía eléctrica que consumimos proviene de hidroeléctricas, y aunque durante su construcción tienen impactos medioambientales gigantes, no tanto durante su operación.

Pero deberíamos estar trabajando también en generar energía con el cambio de marea alta a baja y viceversa, que es un proceso natural, renovable, y que tiene la ventaja de generar energía las 24 horas del día a diferencia de los generadores solares o eólicos que son intermitentes y por lo tanto requieren un sistema de respaldo o de acumulación.

PABLO ANTONIO PEREZ VALENCIA.

@paperezvalencia

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