La pandemia del coronavirus acapara toda la atención. Para los pueblos del mundo, se trata de una amenaza superlativa; para muchos Estados, en cambio, es la cortina de humo bajo la cual ocultan su rostro. En ella ven la oportunidad para cambiar de personaje y de máscara. El poder mediático convierte al COVID-19 en el gran villano, y a algunos gobernantes, en héroes.
Sin embargo, el COVID no es más que la punta del iceberg de un sistemático entramado de praxis discriminatorias y grietas estructurales: el Estado inconstitucional, que desde vieja data ha gestado una oleada de pandemias sociales. Colombia es un ejemplo paradigmático al respecto. Para ilustrar esta tesis, se analiza el fenómeno de impunidad ante delitos sexuales.
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