Expliquemos los mercados

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«Intentemos entender como nos afectan.«

En esta ocasión, voy a contarles algunas cosas que he pensado sobre los mercados, que son, como funcionan y algunos ejemplos de hacia donde nos están llevando. Es un tema largo, que da para varias páginas y probablemente lo tratemos en futuras columnas también.

Un mercado es un sitio donde se reúnen quienes producen un bien o servicio (que en adelante llamaremos producto para economizar tiempo de lectura), para venderlo a quienes consumen ese producto. Teóricamente, el valor de intercambio del producto lo define la oferta y demanda. Entre mas consumidores se disputen por comprar un producto, el precio sube y, entre mas productores se disputen los clientes para sus productos, el precio baja.

Hasta aquí, todo es muy claro y aceptaríamos que el mercado, mediante la oferta y la demanda, se encarga de dar orden al sistema económico y controla que los productores no produzcan mas de lo que les conviene porque sus productos bajarían de precio y que tampoco produzcan menos de lo que los consumidores necesitan para que los consumidores no busquen productos sustitutos y se queden sin clientes. Los productores producirán tanto como los consumidores necesiten y por la competencia entre productores, los precios se mantendrán en el rango justo para cubrir los costos y dejar una ganancia.

La cosa se empieza a complicar cuando actores diferentes a los productores y consumidores empiezan a encontrar nichos especiales en el sistema económico del mercado, estos son los derivados.

Por ejemplo, supongamos que los productores de cotoplas amarillas (nombre de unas deliciosas frutas amarillas que me acabo de inventar) solo las pueden sembrar en enero y cosechar en junio porque de otra manera no se dan bien. Supongamos además que solo se pueden almacenar siete meses. Y supongamos que los consumidores por razones culturales solo compran las cotoplas amarillas para consumirlas en diciembre. En el mercado de las cotoplas vamos a tener probablemente el siguiente comportamiento. En enero el sobrante de cotoplas estarán en liquidación porque nadie las quiere comprar y no se pueden almacenar hasta el siguiente diciembre. De febrero a junio no va a haber cotoplas porque no hay existencia y nadie las quiere. En julio hay cotoplas en oferta pero no hay demanda así que los productores las pueden ofrecer a un precio bajo o almacenarlas y venderlas a un precio mas alto mas adelante y los consumidores podrán comprarlas al precio bajo de julio y almacenarlas o esperar y comprarlas mas adelante. De agosto a diciembre el valor en el mercado de las cotoplas irá subiendo en la medida que los productores le van subiendo sucesivamente el costo de un mes más de almacenaje, y que los consumidores van buscando asegurar su suministro de producto para diciembre.

Hasta ahora los actores de este mercado hipotético son los productores y los consumidores. Pero siempre hay personas sagaces y que ven oportunidades de negocio. Un inversionista después de estudiar el comportamiento del precio de las cotoplas en los últimos años, puede decidir ofrecer a un productor en enero un contrato de compra de toda su cosecha en junio siguiente, a un valor menor del promedio histórico de los últimos años y el productor podría aceptar porque su riesgo se vería reducido al garantizar la venta y tener dinero en caja en junio para sembrar cilantro entre agosto y diciembre. Luego, nuestro inversionista podría decidir venderle a sus amigos una parte de ese contrato, dando lugar a un pequeño mercado derivado del mercado de las cotoplas donde lo que se comercia es una participación en un contrato de compra de productos futuros, especulando que habrá una ganancia.

En este pequeño mercado derivado ya no se compran cotoplas sino una posible ganancia en un negocio futuro. Aquí no hay productor ni consumidores sino poseedor de un contrato y especuladores. En este pequeño mercado la oferta y la demanda no es eficiente para regular el precio pues requiere que los compradores estén bien informados o se podrían dar precios altos artificialmente, generando lo que conocemos como burbujas en donde entran personas a comprar solo porque hay otra gente comprando y terminan perdiendo su dinero si la cosecha de cotoplas resulta no ser tan rentable como esperaban o les dijeron los que les vendieron la participación. En este mercado derivado se requiere un nuevo actor que regule el flujo de información (no que regule los precios) para que la oferta y demanda pueda funcionar eficientemente. Y este papel regulador normalmente se lo dejamos al «estado», una masa informe de funcionarios electos, nombrados y de carrera que por lo general toman decisiones influidas por intereses ideológicos, partidistas, sectoriales o particulares y siempre están tentados a regular los precios de los productos en lugar de asegurar el correcto flujo de información para que la oferta y demanda funcione adecuadamente.

En la próxima columna les contaré una historia real de los mercados y dejaré las cotoplas amarillas de lado. (Debo aclarar que el color amarillo es fortuito y no obedeció a ninguna influencia de García Márquez.)

PABLO ANTONIO PEREZ VALENCIA.

@paperezvalencia

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