Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

¡Feliz día de Acción de Gracias!

La gratitud vive en el hemisferio más bello de la memoria. Se levanta cada mañana para darle cuerda al sol de cada uno, y recordarnos que no estamos solos. Dicen que es intangible, pero siento que tiene la forma de un abrazo en doble vía. La gratitud se pronuncia y se oye con la voz del afecto, con la emoción de saber que le importamos a alguien, y la humildad de reconocer lo que otros han hecho por nosotros.

Gratitud es saber que alguien estuvo cerca para enseñarnos a colorear el mundo y mostrarnos cómo se espanta la tristeza; alguien nos ayudó a construir sentimientos que valieran la pena, a levantar andamios de libertad, amor y trazar coordenadas para que no se perdiera. Pero además de saberlo es preciso hacerlo sentir abiertamente: la gratitud no es un secreto que se deba guardar en el nicho de los silencios, una gratitud que no se expresa es como tener un regalo empacado y no entregarlo.

Por eso hoy quiero decir GRACIAS a los destinatarios que han marcado mi vida y a quienes la han acompañado así sea por fragmentos, quizá sin ni siquiera saberlo. Y hacer una invitación para que nadie se quede con sus gratitudes guardadas: no le tengamos miedo ni vanidad a reconocer que no seríamos lo que somos si la vida y los milagros no se hubieran fijado en nosotros; si en vez de quedarse a nuestro lado, nos hubieran abandonado a una suerte incierta, y hubiéramos tenido que crecer sin un árbol cerca, o trabajar, vivir y pensar en solitario.

Somos lo que somos porque alguien nos enseñó a contar con los dedos puestos no en los números, sino en las estrellas; nos enseñaron a jugar en serio con las palabras y a defender las ideas; a no escondernos de la luz ni de la penumbra, porque en ambas podemos servir de algo, aprender de alguien, dar felicidad. Entender que ni la prepotencia, ni el temor son buenos consejeros, y que nos volvería miserable el espacio donde guardamos los recuerdos.

Somos lo que somos porque respiramos al ritmo de los afectos y nos agotamos por todas las veces que hemos tenido que decir adiós; nos reconstruimos en los encuentros, en los esporádicos, en los intensos, en los redentores y sabemos que estamos aquí y ahora para ser parte de este hermoso camino, que es mejor lo nuevo a la rutina . Es dar gracias a la vida cuando delante nuestro se cierran y se abren los telones.

Gratitud no es decir gracias ni quedarnos callados: es hacerle sentir a quienes nos han dado tanto de ellos mismos, que tal vez hoy no estaríamos vivos si no nos hubieran rescatado a tiempo; que recomenzar sería imposible si no compartieran con nosotros su entereza, amor y su sonrisa; que tendríamos muy hambriento el corazón si no nos hubieran regalado un pedacito de la masa madre del cariño.

Esta gratitud es para todos los que algún día ayudaron a forjar la fuerza del espíritu mío; le dieron forma a la ternura de los vínculos y al valor de la esperanza; y lograron que por más fuertes que fueran los vientos, mantuviéramos el alma en alto, confieso a los cuatro cielos, una inmensa gratitud por todos los que me han ayudado a llegar a la última etapa de la vida así, imperfecta, con el alma despierta, con la piel y los ojos a veces cansado, pero la mirada abierta y el corazón lleno de amor .

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