Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Impuestos, abusos, descontento y revolución social

Carta del Director

El abuso, además, está blindado con la «protección fiscal» ofrecida a los sectores más pobres de la población, puesto que reconocen que en estos sectores -los más pobres-, hay mucho potencial de clientela para mantener la dinámica política que interesa a las clases en el poder.

En los años 600 A.C nació el que después de un milenio, hasta los años 476 D.C, se conoció como el Imperio Romano. Su extensión alcanzó tres continentes y su duración fue de casi 1.100 años. Todo su poder se mantuvo a cambio del sometimiento abusivo del pueblo, de la expropiación de las rentas y patrimonios del mismo -vía cargas impositivas de todo orden- y del terror y la amenaza constante; al punto, que al final, el mismo pueblo sometido, terminó posibilitando la invasión de los bárbaros, dando fin así al tirano imperio que los abusaba.

Cuando ya había terminado la Edad Media y el mundo había entrado al período histórico conocido como La Ilustración, a finales del siglo XVIII, las monarquías británica y francesa, ahogaron con impuestos a sus colonias en ultramar y también a sus súbditos en su propio territorio; entre otras razones, para cubrir los costos de mantener sus conquistas a costa de colonos, pueblos conquistados y nacionales domésticos. Nobles y pueblo, terminaron animando las revoluciones de independencia de los EE.UU de la Corona Británica, la caída de la Monarquía Francesa y el advenimiento de la República como nueva forma de gobierno.

Por estas tierras, y en la misma época, -finales del siglo XVIII- en la Nueva Granada estalló la revolución de los comuneros, hartos de soportar el abuso alcabalero de las autoridades de la Corona Española, iniciando así, la revolución que después terminó en la guerra de independencia.

Si observamos los fenómenos históricos mencionados, todos tienen como denominador común el hartazgo de los súbditos y de los sectores de poder y nobleza, tanto en Roma, como en Gran Bretaña así como en Francia y en la Nueva Granada, con el abuso alcabalero y confiscatorio que los regímenes reinantes mantenían. Admitamos que el primer pecado de los emperadores y reyes, fue el de pretender cobrarle de más a los ricos, nobles, terratenientes, clérigos y militares, pues éstos, de acosados pasaron a acosadores y además auparon al pueblo súbdito a la rebelión que terminó con sus estruendosas caídas de las que da cuenta la historia antigua y contemporánea.

Todo indica que las democracias modernas occidentales aprendieron la lección y de allí que a toda costa, todos los regímenes impositivos, casi que protegen a los ricos y poderosos, exprimiendo, en cambio, la llamada clase media, propia de estos modelos societales, a la cual siempre se le encuentra alguna renta o patrimonio que afectarle, sin que esta, la clase media, tenga mucha disposición y mecanismos para defenderse del abuso fiscal.

El abuso, además, está blindado con la «protección fiscal» ofrecida a los sectores más pobres de la población, pues, además de reconocer que en ellos hay muy poca renta y patrimonio para gravar, reconocen en cambio, que en estos sectores -los más pobres-, hay mucho potencial de clientela para mantener la dinámica política que interesa a las clases en el poder.

Pero, y este es el asunto, no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, dice el adagio popular. Si al final resulta que en pleno siglo XXI, los gobiernos funcionales a las oligarquías, pretenden seguir esquilmando a la sociedad civil vía impuestos; estas ciudadanías organizadas pueden animarse a protestar más allá de la denuncia, la queja y el miedo, y atreverse a provocar el derrumbe de la cleptocracia -gobierno de ladrones-, que confabulado con los aristócratas, oligarcas y nuevos ricos, viene haciendo de las suyas con total impunidad.

Mejor advertirles que no aprieten tanto la correa, porque puede estallarles la barriga de sus gulas y el pueblo atemorizado y sometido puede terminar, como los pueblos comentados, reaccionando con más decisión que bobo careado. A ver si entienden gobernantes, políticos y dueños del poder.