Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

La gallina de mi mamá- Fiesta: Día sin IVA y sin Coronavirus

Hoy  hablé con mi mamá,  -ella tiene 84 años- y francamente me salvó el teléfono de recibir una paliza. Estaba iracunda, bravísima como cuando una vez de niño, me castigó por un mandado mal hecho. ¡Qué señora tan brava! No parecía mi mamá. Al punto que me asusté.

“¿Y no es que estamos en cuarentena? ¿No me han tenido aquí con casa por cárcel desde hace 3 meses? ¿Qué es esta burla del día sin Iva? ¿Qué quiere esa gente necia que sale de compras como zombi, cubriéndose con un trapito que se llama tapabocas, pero rozándose sudor y olor con el apretujado vecino que corre igual de tonto, a los escaparates y las vitrinas del nuevo cielo?”

“Vea mijo, si usted me va a echar el discurso ese, de que toda persona es libre y que eso está bien y que es mejor salir de compras aprovechando precios, yo le respondo de una vez: si usted anduvo por esos lares, ni se aparezca por aquí en los próximos seis meses. No lo quiero ver porque me parece igual de irresponsable que toda esa gente y que ese presidente y ese alcalde que tenemos”.

Pero vieja, le contesté, ¿qué culpa tienen el presidente y el alcalde, si la gente es tan irresponsable y tan desobediente?  No los acuse a ellos. No ve que solo quieren lo mejor para todos.

“Pues mijo, vaya pídale a ese par de señorotes tan importantes, que le den trabajo, que lo cuiden, que le regalen alguna chuchería de tantas con las que engañan a calentanos. Yo estoy muy vieja y aunque este país, está lleno de casos insólitos en su historia, nunca había visto semejante despropósito: ¡qué tal!, un alcalde que primero sale todo lucido en redes mostrando cómo se lleva a un vecino porque dizque estaba contagiando a los demás. ¡Tan guapote no! Después un día que amanece con la luna hablándole, nos cuenta que quiere que todos bailemos y bebamos en la calle, después nos manda a acostar temprano y con ley seca, ayer nos mostró a sus funcionarios de seguridad, alardeando de su poder y cerrando almacenes de cadena y ahora, este fin de semana, nos vuelve a mandar a dormir temprano y otra vez con ley seca. ¡Qué es lo que se han creído que son estos pendejitos que mandan! ¿Que son nuestros papás, nuestros carceleros, nuestros loqueros en el manicomio? Váyanse al carajo! Y usted también, largo de aquí con ellos, vayan a que los chumben en piel de chivo y a que  les den a mamar leche de leona. ¡Largo, no los soporto! parecen un par de churumbeles, jugando a ser grandes e importantes, semejante par de payasitos”.

“Qué tal ese presidentico que tenemos. Habla como Andresito, sí, el hijito fino del señor de la eterna risa,  ese que fue primero presidente y después papá de presidente. Yo que creía que la casa pastrana ya había pasado a mejor vida y ahora me la topo de nuevo, solo que peor representada, porque ese presidentico que ahora tenemos y que además, ¡atrevido!, nos trata de abuelitos, como si le hubiéramos dado confianza al mojote ese, a veces parece uribista, a veces  gavirista y muchas, casi siempre, mal actor de televisión, regular cantante de reguetón y buen jugador de 31 ¡ hubiera conocido a mi marido, ese si jugaba futbol y hasta tejo! Ëste, me temo que si acaso juega naipes acostado en la cama”.

“Le repito mijo, estoy decepcionada con esta caterva de dirigenticos que nos mandan. ¡Ah, como añoro a mi abuelo y a mi papá! Esos si eran berracos, trabajadores, serios, de palabra y ¡liberales! Así como lo oye, liberales de verdad. No como esos tontoletes avispados que se hacen pasar de tales y si acaso, se han leído un titular de prensa, pero no conocen la doctrina que nos enseñaron con los discursos de Uribe Uribe, de López Pumarejo, de Gaitán, de Echandía, y hasta del chiquito Lleras Restrepo.  ¡Qué dolor de patria, ver a estos mandando y a  tanto estúpido dejándose mandar así!”

“Mijo, p’a mí esa tal pandemia, o  es una película de terror, o es una estrategia  que nos montaron para acorralarnos, asustarnos y trampiarnos. Y si no es así, entonces explíqueme pues, ¿cómo es que ese presidentico y ese alcaldecito que nos mandan, se abren de piernas con el comercio de los grandes y mandan a la gente que dicen cuidar, al matadero de sus almacenes, así no más, a base de propaganda? No me crean tan sonsa, que estoy vieja, pero ni tonta, ni bruta soy. ¡Muy inteligente que sí decían mis hermanas que era! A ver, ¿Si se disparan los contagios, le seguimos dejando la autoridad de cuidarnos a quienes nos mandaron a contagiarnos? Ahí es donde me pierdo. ¿Qué es lo que le pasa a este pueblo tonto que ni ve, ni oye, ni entiende? Mi papá decía: a la gente necia no le explique nada, pues lo asumen como insulto. Y en este caso mijo, son tan necios los mandados, como los mandamases. ¡Qué tristeza! Menos mal que me queda poco tiempo de visita en este chiquero de país. A ver si usted, deja de lamercurtiembres del poder y se dedica a trabajar en serio para que nos dirijan DIRIGENTES  de verdad, no vergajitos, vendiditos, vengativos e insufribles como esos que usted defiende.

Augusto Montero