Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

La Libertad Pospandemia.

¿Está en riesgo nuestra libertad?

Durante las guerras, las libertades se pierden ante la necesidad nacional; y parece que, estamos aprendiendo que durante las pandemias, las libertades se pierden ante la necesidad de la humanidad, ¿o no?

Durante la pandemia, en todo el mundo hemos visto como los diferentes gobiernos han ordenado medidas a sus ciudadanos, que con el pretexto de proteger sus vidas han terminado reduciendo las libertades individuales en mayor o menor medida.

Desde un principio, lo único que es claro, es que, si se quiere reducir la velocidad de contagio del coronavirus, se debe guardar la distancia entre los individuos y tomar medidas de higiene periódicas y frecuentes. Pero, en medio de la emergencia, los gobiernos en general, han tomado decisiones con la que los ciudadanos no están contentos.

En los paises que optaron por el confinamiento preventivo, se les olvidó que estaban copiando un modelo de China, un país donde las libertades individuales están en proceso de obtención y donde el sistema totalitario comunista aún marca algunas actitudes. Al margen de los resultados en muertos, probablemente, si el virus no se hubiera presentado primero en China, sino en Estados Unidos o Brasil, la mayoría de los países habrían optado por alternativas que no obligaran a grandes porcentajes de la población sana y en zonas sin riesgo de contagio a la confinación residencial preventiva y parálisis económica. Por ejemplo, pudimos simplemente cancelar vuelos internacionales y mantener los vuelos internos, y a medida que surgieran casos en ciudades ir aislando esas ciudades, o cancelar la movilidad de pasajeros entre ciudades, pero mantener las actividades normales en cada ciudad (de hecho esto se parece más a lo que hizo China, que aisló a Wuhan, pero es que hasta copiando copiamos mal), u otra estrategia que se pudo haber diseñado.

Pero, lo que hemos visto es que como China obtuvo resultados, los otros países no quisieron quedarse atrás y a pesar que las medidas de confinamiento residencial masivo tomadas por el gigante asiático en condiciones normales no serían siquiera tomadas en cuenta en el occidente amante de la libertad, ante el miedo de la muerte desatado por la pandemia, occidente ha visto como se ha ido limitando la libertad de sus ciudadanos (por su propio bien, claro).

El hecho es que los políticos en el poder (de todo el espectro político), han aprovechado la situación y dejado salir a los planeadores centrales que llevan dentro, y guiados por su «infinita sabiduría» han tomado cuanta decisión han querido.

Colombia, no ha sido la excepción. El gobierno nacional se demoró en cancelar los vuelos internacionales, pero luego ante la popularidad de quienes querían encerrar a la población, dictó confinamiento general en todo el país, sin importar el riesgo de contagio diferencial en cada región y se enfrascó en una competencia con la alcaldía de Bogotá para ver quién era más creativo con las medidas que sacaban a veces a diario. De taquito además aprovechó para enviar el Congreso a sus casas y justificándose con la emergencia sanitaria ha ido gastando a sus anchas sin control oportuno alguno. Como dijo Hayek un economista austríaco: «Dejar la ley en manos de gobiernos electos, es como dar un tarro de leche a un gato para que lo cuide, pronto no habrá más…»

En todo caso, el gran riesgo para el país es que la planeación central como tendencia administrativa ha ganado terreno y se ha afianzado más. Las personas en el gobierno, desde el orden nacional hasta el municipal se están enfrascando en la planeación central sin apenas oposición alguna.

Tenemos que recordar que las economías no son máquinas, que dadas unas variables conocidas de entrada sea posible predecir el resultado producido. Son complejas redes de seres humanos en la que cada nodo de la red toma decisiones autónomas de acuerdo a sus capacidades, conocimiento y deseos; cargando el sistema con tantas variables que es imposible predecir el resultado y suicida pretender la capacidad de hacerlo. Por eso necesitamos del mercado y la sociedad libre.

Recordemos también que las libertades se pierden gradualmente en la medida que la planificación central reemplaza a la sociedad libre. Cuando el estado controla actividades, estos controles tienden a crecer alimentados por los burócratas encargados de los controles y su visión particular de la actividad que no necesariamente es la visión del público en general. Lo estamos viviendo con los comparendos por no usar tapabocas, o por salir en el día equivocado del pico y cédula, o en la prohibición de salir a trabajar libremente con la necesidad de ganar el sustento, para citar solo algunos ejemplos.

El gobierno debería ser solo para proteger nuestra vida y bienes (de nuestros congéneres, no de eventos naturales) y para hacer cumplir los contratos. El resto de funciones que se ha ido asignando a sí mismo ha sido a costa de nuestras libertades.  

No permitamos cobardemente que las libertades ganadas con tanto esfuerzo durante dos siglos de luchas heroicas nos sean arrebatadas por medidas que so pretexto de nuestro bienestar y salud irán controlando nuestros movimientos, nuestra forma de vivir y hasta nuestra forma de pensar.

Por: PABLO ANTONIO PEREZ VALENCIA.

@paperezvalencia