Materas en la Calle octava- Cali: no somos Amsterdam

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La noticia la dió la Secretaría de Movilidad y el conflicto lo inauguró el Mono Sanchez. De eso trata este texto.

Asumo este texto en tanto me considero educadora popular y mi oficio y sensibilidad me han llevado a la profesión de profesora universitaria. Desde esa sensibilidad e impactada con la mirada fría de los jóvenes de #VivoMiCalle, que viven su calle en el barrio popular, y ante su sentimiento de desconcierto mientras desmontaban lo que hacía no más unas horas les ilusionaba, y ahora debían quitar en medio de agravios e insultos de hombres conduciendo carros y motos que pasaban reclamando por semejante burrada. Sigo también la impresión de los ojos vidriosos, hasta de desconsuelo, de Michelle y Fredy, dos jóvenes con una sensibilidad social que converge en el Programa #VivoMiCalle, Programa en el que trabajan como profesionales.

#VivoMiCalle es un Programa en el que trabajan jóvenes profesionales de diversas ramas. Jóvenes educando en la ciudad a jóvenes líderes sociales del Barrio Poblado II, ampliando su panorama de sensibilidades. Esta acción educativa moviliza la atención a través de las posibilidades de ser protagonistas en la configuración de la ciudad: motivan a través de ser arte y parte, de intervenir para el bienestar de la juventud, y la seguridad vial; esta acción se orientó a beneficiar, en el caso de la calle octava, a todos los grupos poblacionales y agentes vulnerables de la movilidad, que se mueven a lo largo de dicho Corredor.

Antes de poner un solo objeto o una sola línea, fueron local por local conversando con quienes tendrían afectación directa de la intervención. Consultaron estudios previos del Corredor, conversaron con funcionarios de diversas Secretarías; me consultaron como pedagoga y educadora popular. Fui testiga de una entrevista con el comerciante de un local de muebles de oficina y accesorios para estos muebles. La mirada del comerciante adulto y la mía era sin punto fijo, no sé al comerciante pero tal como me la describían me parecía una intervención de alto impacto. En condiciones de COVID muchas ciudades del mundo optaron por hacerlo, les dije. Que sea esta la ocasión, pensé. 

En Cali la timidez de la actual administración en la intervención del tráfico se rompió con esta intervención y tomó por sorpresa a quien sabiendo que la obra iba en curso  –los medios comerciales lo reseñaron ampliamente, sin oposición- no imaginó la reacción del gobierno de TW comandada  por un comediante (el Mono Sánchez) La sensibilidad de Jorge Iván Ospina con las tendencias de redes sociales es conocida y aquí le pasó factura. Con final colombiana de fútbol a punto de desbordar la ciudad, como el Alcalde lo tenía previsto; con demandas legales por Feria Virtual, se puede hasta entender la forma reactiva de hacer desmontar la intervención. El tema es que antes que calmar los ánimos, como si se pudiera borrar de un trazo lo hecho, el desmonte cambió de signo a la oposición: ahora se trata de la indignación de la ciudadanía que aboga por un camino de ciudad vivible o como dice la ONU sostenible (Objetivo 11. Lograr ciudades sostenibles),  y el Plan de Desarrollo Distrital de Cali llamado  “Movilidad Multimodal Sustentable”. Se trata de reivindicar y ofrecer condiciones de seguridad a un medio de transporte que en términos de sustentabilidad contribuye a conseguir 12 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados en la ONU.

Esta acción de instalar objetos en espacios públicos que interpelan la cotidianidad de quien transita, sigue una línea internacional de intervención urbana que se reconoce como Urbanismo Táctico. No es algo menor y sus estrategias han calado en el movimiento social, con la participación de profesionales sensibles a la movilidad como asunto humano, dirigiendo la planeación urbana y con una disposición gubernamental plena; estos ejes intervinieron los medios de comunicación y consolidaron redes de opinión a favor de obras que impactaban la cotidianidad buscando alternativas para paliar la crisis humanitaria que vivimos en las calles. En Cali en los últimos cuatro años han muerto en promedio 327 personas atropelladas, en su gran mayoría por motos.

La idea pedagógica que moviliza #VivoMiCalle es creer que participar en el diseño puede ser más pertinente para el uso comunitario y puede perdurar como aprendizaje en la historia de estos jóvenes de barrios populares. Estos jóvenes de barrio popular con  #VivoMiCalle  comenzaron su aprendizaje haciendo el ejercicio de transformación urbana en un puente, amenazado por delincuencia y consumo que ponía en riesgo la comunicación entre la comunidad y el Colegio Nuevo Latir; llenar de colores ese espacio fue la representación pictórica de una experiencia colectiva de jóvenes viendo ante su ojos transformar un conflicto en un espacio de convivencia y todo en un puente de no más de 20 mt de largo y 12 mt de ancho. Esta impresión la consolidaron con la construcción participativa de parques en Pablado II de Cali y esto les animó sin duda a hacer algo real profe, algo que se vea en esta ciudad y ayude a algo concreto. 

Todo ese sueño vertido en salvar vidas, mostrando en un corredor saludable (Bulevar-Canchas Panamericanas) las potencialidades del urbanismo táctico como posibilidad de resignificación del espacio público, son un episodio en un proceso de transformación activa de ciudad. 

Claro que no somos Amsterdam, pero como se dice en el argot del activismo “Amsterdam tampoco era Amsterdam”, así que queda mucho trabajo por hacer frente a una crisis que la sociedad contemporánea no ha solucionado y en la que la gran mayoría de las 1,3 millones de personas que mueren anualmente por siniestros viales ocurre en países llamados del tercer mundo. Este dato nos deriva en asuntos de la cultura hondos y problemáticos, tanto o más que las reacciones frente a la intervención en la calle octava de Cali. 

Santiago de Cali, 22 de diciembre de 2020

Jorge Rojas Valencia

Grupo de Investigación en Educación Popular
Universidad del Valle

jorge.rojas@correounivalle.edu.co



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