Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Pensamientos sobre una Nueva Constitución

La nueva constitución debe limitar y reducir el tamaño de la rama legislativa, y que ese tamaño solo pueda ser modificado por referendo.

Cada vez más, cuando salgo a las calles colombianas, me reafirmo en mi convicción de la voluntad de salir adelante de nuestro pueblo. Campesinos esforzándose en sacar los productos que podrían asegurar nuestra seguridad alimentaria a los mercados desde las zonas geográficas más difíciles, porque las zonas de mejor acceso y más cercanas a los mercados a menudo están siendo usadas en agroindustria y grandes monocultivos. Microempresarios emprendiendo en medio de la pandemia haciendo de tripas corazón y aguantando cierres, toques de queda, amenazas de aumento de impuestos y restricciones de todo tipo con la esperanza de que en un futuro la economía va a mejorar y les permitirá seguir generando el empleo que tanto necesitamos los colombianos.

Y cada vez más, me reafirmo en mi convicción de que el gran problema que tenemos es la creencia generalizada de que la planeación central es la panacea para solucionar nuestros problemas. Lastimosamente, esa fe en la planeación central solo nos permite, a la sociedad colombiana, contemplar soluciones o mejoras que impliquen cambio de líderes a nivel central.

Casi todos los comentaristas políticos y económicos en Colombia se refieren a la confrontación ideológica entre la izquierda y la derecha colombiana. Hablan con frecuencia de la cada vez mayor polarización de la población colombiana entre esas dos corrientes.

Yo por el contrario, estoy convencido que en cuanto a los efectos nocivos para el país, de un gobierno de derecha o de uno de izquierda, no hay grandes diferencias. Porque ambos creen firmemente que desde la planeación central se logran todas las soluciones, porque ambos creen firmemente en la intervención de la economía, porque ambos creen firmemente que el desarrollo sigue al fomento sectorial identificado y priorizado por ellos, porque ambos creen firmemente que solo ellos saben cómo se deben hacer las cosas y que todo aquel que piensa diferente a ellos está equivocado, y finalmente, porque ambos están convencidos que solo pueden gobernar con sus copartidarios, dando paso al amiguismo, al tráfico de influencias, a la corrupción y a la impunidad.

Y aunque para mí la planeación central en el gobierno colombiano es el mayor escollo que impide a la mayoría de los pujantes emprendedores colombianos salir avante, no es el único. Hay otros como la falta de una justicia oportuna, la falta de políticas fiscales y tributarias coherentes y estables, y el excesivo costo del gigantesco aparato estatal colombiano que terminamos pagando todos los ciudadanos ya sea vía impuestos directos o vía precios más altos de los productos (porque obviamente los productores siempre le subirán a sus productos el costo de los impuestos que tengan que pagar).

Y todos esos escollos siguen incólumes sin importar el origen, color o las convicciones del dirigente que elijamos. Todas esas cosas están originadas, mantenidas y justificadas en la constitución de 1991, y cualquier intento de modificarlas vía congreso ha sido torpedeado por los congresistas que se sienten cómodos con la manera cómo funciona el Estado.

No se puede esperar que un gobierno reduzca el tamaño del Estado cuando siempre está buscando cómo cumplir sus planes de desarrollo y percibe que requiere incluso más personas y recursos para cumplir con el funcionamiento y la inversión del Estado. Tampoco se puede esperar que un congreso apruebe tal reducción si el gobierno la propusiese, por la gran cantidad de partidarios que dependen de sus empleos con el Estado.

Sin una nueva constitución serán imposibles, por ejemplo, las tan esperadas Reformas Políticas y de la Justicia, simplemente porque por la vía del Congreso siempre será desechada o tergiversada de tal manera que empeoren la situación vigente en cuanto a tamaño y costo.

Pero una nueva constitución tampoco es por si sola garantía de que la situación mejore. Si no se hace de manera que limite las funciones del Estado a proteger y garantizar la vida y propiedad de los ciudadanos, cuidadosa y claramente, para evitar que se siga desbordando el tamaño de este para cumplir las funciones que se abrogue el gobierno de turno,  en pocos años estaremos tan desencantados con la nueva constitución como lo estamos muchos con la actual y como estuvimos también con la del 86.

La nueva constitución debe limitar y reducir el tamaño de la rama legislativa, y que ese tamaño solo pueda ser modificado por referendo.

La nueva constitución debe eliminar las duplicidades que genera tanto ente de control. Tenemos la oficina anticorrupción de Presidencia de la República, la Contraloría General de la Nación (además de todas las otras contralorías), la Procuraduría, la Personería, la Defensoría del Pueblo, las diferentes oficinas de Control interno y la Fiscalía. Cada uno de estos entes se especializa en un aspecto de los hechos irregulares de la actuación pública, con lo cual frecuentemente hay dos o tres entes de control investigando el mismo hecho, cada uno a su propio ritmo, duplicando o triplicando los costos tanto de investigación, como de acusación y defensa. Con las oficinas de Control Interno, un solo ente de control que incluya el control fiscal y disciplinario (pero descentralizado y con autonomía en los territorios), un ente acusador descentralizado también y las personerías, podríamos tener mejores resultados. Eso sí, cuidando de que la administración de estos organismos sea de carrera y no por nombramientos de los políticos de turno. Con eso se evitan las presiones indebidas en las investigaciones, las puertas giratorias y los favores de uno y otro lado.

La nueva constitución debe estipular que las regiones tengan sus presupuestos autónomos y garantizar su financiación de manera clara, sin depender de la «buena voluntad» del gobierno central de turno y limitando la posibilidad de que vía reformas tributarias, el gobierno central le quite recursos a los municipios y departamentos. En aras de la trasparencia y la igualdad, la declaración de renta debe ser universal, aunque solo aquellos que ganen más de 3 veces el ingreso per cápita del país deban tributar y de manera progresiva, a mayor ganancia mayor tributo. Si todo el mundo declara obligatoriamente, con mecanismos como la facturación electrónica, los sistemas de información y big data se podrá perseguir mejor a los evasores y mejorar los recaudos de impuestos. Los impuestos al patrimonio deben ser evitados o desestimularán la acumulación de bienes de producción. Los impuestos al consumo están bien mientras no sean bienes de primera necesidad, pues sirven para estimular el ahorro de los ciudadanos. Se debe simplificar el estatuto tributario y limitar el uso de las reformas tributarias para modificarlo, de manera que haya cierta continuidad y seguridad de reglas para los inversionistas. 

Con estas consideraciones, una nueva constitución podría mejorar nuestro país.