Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Reactivación económica, social y ambiental por etapas

Tal como se observa en lo corrido de este año, el proceso de reactivación económica, social y ambiental frente al fenómeno desatado, primero, por la caída de los precios del petróleo, y luego, por el Covid 19, se ha detenido; y podemos decir que en la coyuntura  ha habido una primera etapa, en la que se dictaron las medidas sanitarias y financieras mediante las 2 primeras declaratorias de estado de emergencia económica, esperando una tercera, que aún está pendiente por declarar. En cuanto a los recursos girados a la población vulnerable, mypes (micro y pequeña empresa), independientes, desempleados y los más pobres, NO HAN SIDO SUFICIENTES. Debemos fortalecer el SGR (Sistema General de Regalías), las finanzas públicas de los Departamentos y Municipios, los PDET (Planes de Desarrollo con enfoque territorial) y lo más importante, lograr que la distribución de las ayudas sociales sea más rápida (algunas no se han recibido aún) ya que ha sido muy lenta por efecto de la centralización, en donde las bases de datos aún no se han descentralizado. El fortalecimiento de la red de protección social debe coordinarse con los mandatarios locales para que sea más efectiva. 

En la tercera emergencia económica – social y ambiental, si se declara, están pendientes iniciativas como, la Renta Básica de Emergencia y la creación de Fondos Regionales para la reactivación económica, para los Departamentos y el Distrito Capital que tienen altos niveles de contagio y amenazan nuevas medidas de cuarentena, total o parcial, según el caso. (Bogotá D.C., Atlántico, Bolívar y Valle del Cauca-Litoral Pacífico).

En la segunda etapa estarían una serie de medidas macroeconómicas que se hace necesario implementar para remover obstáculos que frenan el desarrollo de las regiones, como son: la falta de credibilidad de la institucionalidad pública, que se manifiesta en la creciente desconfianza popular por cuenta de la ineficiencia del Estado, la corrupción y las permanentes reformas tributarias que se plantean. La vulnerabilidad social (alto nivel de pobreza y pobreza extrema) que ha existido desde hace muchos años, y que cuando íbamos mejorando con el crecimiento de la clase media, nos cae esta pandemia que acaba con lo logrado y nos retrocede, a decir de Fedesarrollo, a como éramos hace 15 años. La baja productividad debido al lento proceso de desindustrialización y exportaciones primarias sin valor agregado, que no permite insertarnos en los mercados internacionales y generar empleo de mayor calidad, todo esto sin contar con el atraso que tenemos en la gestión del conocimiento, la innovación, ciencia y tecnología (0.27% del PIB).

Esta dolorosa realidad debe llevarnos a soluciones como:

  • No podemos seguir midiendo estas situaciones solo con el PIB y el Índice Gini, debemos implementar métricas que reflejen la multidimensionalidad del bienestar de la población.
  • Necesitamos estrategias de desarrollo nacional que conecten los sectores y las regiones con las políticas públicas del gobierno nacional (por ejemplo, el Ecosistema de Competitividad, Ciencia y Tecnología). Latinoamérica necesita estrategias que empoderen a la ciudadanía en todas las etapas de formulación de políticas locales, departamentales y nacionales, en otras palabras, que haya un verdadera democracia participativa como lo consagra la Constitución de 1991.

Como corolario de esta segunda etapa y en respuesta a los anteriores postulados, queremos apoyarnos en la propuesta que hacen los economistas Gonzalo Hernández y José Antonio Ocampo en reciente artículo publicado en El Espectador, donde reclaman una estrategia de competitividad y desarrollo productivo como Política de Estado, con los siguientes elementos:

  1. Tener un sector educativo y de formación para el empleo de alta calidad, con acceso a todos los sectores sociales y que garantice una mano de obra más eficiente (productividad), así como un sector universitario con fuertes capacidades de investigación, ciencia y tecnología.
  2. Fortalecer la inversión en infraestructura (vías, puertos, telecomunicaciones) que apoye la interconexión del mercado interno con el internacional.
  3. Formular una agenda ambiciosa de CTeI (El Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación) para impulsar el desarrollo de nuevas tecnologías y productividad de alto conocimiento, que también permita que las pequeñas empresas rurales y urbanas tengan acceso a más y mejores tecnologías.
  4. Apoyo a nuevas empresas en actividades intensivas en conocimiento, con beneficios tributarios, líneas de crédito y fondos de capital de riesgo provenientes de bancos de desarrollo, bancos multilaterales e inversionistas nacionales e internacionales.
  5. Un proceso amplio de reindustrialización regional, modernización del sector agropecuario y desarrollo de servicios con contenido de conocimiento, diversidad de capacidades productivas y las ventajas comparativas de diferentes zonas del país.
  6. Una ambiciosa política exterior de reactivación que promueva la integración latinoamericana, pragmática, orientada a mitigar riesgos de una economía mundial débil y favorecer el desarrollo productivo de la región.
  7. Acciones más audaces e innovativas de Bancoldex y Procolombia.
  8. Como bien lo propone Mauricio Cabrera, que los Planes de Desarrollo con enfoque Territorial (PDET) sean instrumentos para la construcción de la paz y la reconciliación en nuestro país. Es ni más ni menos, enfocarse en  los municipios más pobres y afectados por el conflicto armado (170 municipios, 7 millones de personas, de los cuales el 50% son pobres, están ubicados en áreas de parques naturales y concentran el 90% de los cultivos ilícitos) impulsando en éstos, una reforma rural integral y así promover la economía campesina y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Las inversiones en zonas PDTE en vías terciarias, acueductos, salud, educación, etc, tendrán un alto impacto en la reactivación y generación de empleo; para ello ya hay una buena cantidad de recursos presupuestados y podrían acoplarse más con la tercera emergencia económica.

La tercera etapa de la reactivación deberán ser las reformas estratégicas que el país demanda y que requieren de un Gran Pacto Nacional, que como van las cosas difícilmente saldrán adelante en este gobierno y que deberán irse discutiendo desde ya, porque estamos en el inicio del debate presidencial del 2022. Todas estas medidas deben apuntar a recuperar el país que traíamos al 2019 y prospectar una mejora sustancial en las condiciones de vida de nuestros habitantes, que el Estado tenga ingresos fiscales para atender la deuda pública y recuperar la caída del PIB proyectada en  -7.8% según el FMI, para que haya mayor empleo de calidad y empresas sostenibles.

Francisco Mejía P.