Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Salud emocional (107)

¡Estamos cansados!

Sí, agotados, esperando. ¿Qué? De pronto un desenlace, algo que nos saque de este marasmo, de esta vida congelada. De esta vida en neutro, de una vida plana, sin emoción. Ayer hablábamos de la imperiosa necesidad de buscar un bastón, algo de que agarrarnos. El cansancio, el agotamiento son tenaces, pero hay que enfrentarlos, hay que ponerles el pecho. De manera que, en forma responsable, cada uno, adulto, tiene que empezar a moverse, a seguir viviendo. La responsabilidad es de cada quien. En una situación cómo estas, de agotamiento emocional, cada quien debe buscar la forma de sobrevivencia, acatando las normas, pero dándose la oportunidad de seguir viviendo. Si algo pasa, debo ser consciente que no debo culpar a nadie de lo que pueda suceder. ¿De quién es la responsabilidad si me contagio? ¿De quién es la responsabilidad si me muero? ¿Si se contagian los míos? ¿Si se mueren? Aceptar que es como una lotería y de pronto nos tocó “ganarnos” el número mayor. Si me he cuidado debo entender que era lo que me correspondía y para adelante. Esa manía nuestra casi que infantil de siempre estar buscando culpables. Es la vida; la enfermedad está entre nosotros y los próximos pasos son decisiones personales. Estoy cansada, aburrida, quiero intentar algunas salidas cuidándome. Es entonces toda MI responsabilidad lo que suceda de aquí en adelante. El cansancio lleva a asumir decisiones que, si se complican, son responsabilidad personal. O me muero confinada o me muero contaminada  en la calle. ¡Pero me arriesgo!