Salud emocional (130)

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Desde el corazón.

Nos educaron con la creencia de que el órgano más importante y valioso del ser humano es el cerebro. En la inteligencia del cerebro está todo el potencial humano. El cerebro y la inteligencia, por lo tanto, son co-dependientes; puesto que la inteligencia se origina en el cerebro. Es el imperio de la razón. Pero, la ciencia desde la biología y la física cuántica, se está encontrando con descubrimientos que ponen a tambalear conceptos tradicionales. Como, por ejemplo, que, en procesos de conciencia, no es el cerebro el que manda la parada.

El corazón tiene cerebro, o traducido de otra forma, en el corazón existe una inteligencia que es más poderosa que la que produce el cerebro. Porque ni siquiera el cerebro “manda” sobre el corazón: El ritmo cardíaco y sus variaciones constituyen el medio privilegiado por el que el corazón envía mensajes; no solo al cerebro sino directamente al resto del cuerpo sin necesidad de “permiso” del cerebro. Aún más: El campo electromagnético del corazón es 5.000 veces más intenso que el del cerebro, en realidad es más potente que el de cualquier otro órgano del cuerpo.

El corazón produce de 40 a 60 veces más bioelectricidad que el cerebro. El campo magnético del corazón cambia en función del estado emocional y el campo electromagnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo hasta una distancia de entre 2 y 4 metros, y que todos los que nos rodean; reciben la información energética contenida en nuestro corazón.

Entonces es el corazón el piloto de nuestra vida, es el corazón el que tiene la sabiduría. Tiene el control.  Y es a mi corazón al que tengo que escuchar. Siempre se dice que el corazón no se equivoca, que allí tenemos las respuestas que requerimos. Entonces, basta con oírlo. ¿Y cómo se hace? ¿Cómo escucho a mi corazón? Habría que empezar por un pequeño ejercicio: Preguntarte en varios momentos del día: “¿Qué siento?” en vez de “¿Qué pienso?” e intentar responderte esa pregunta desde lo que sientes.

No sucede de un día para otro, pero si es el comienzo para abrirle la puerta al lenguaje del corazón. La respuesta la irá encontrando con palabras muy cortas. Si te contestas con explicaciones muy largas todavía, no oyes a tu corazón y es tu mente la que habla. Date tiempo, aprenderás y sentirás la diferencia.

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