Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Salud emocional (133)

¿Se puede vivir sin el mal?

Por: Gloria H

Es absurdo plantear la pregunta porque parecería obvia la respuesta. Tan obvia como preguntar si el aire existe. ¿Es qué acaso no respira? Claro, ideal sería vivir sin el mal: ni enfermedades, ni problemas, ni asesinatos, secuestros, ni pobreza, ni maltrato o abandono. Tantos hechos que se califican como «malos» y que desearíamos desaparecieran. Pero debido a la mala educación recibida junto a conceptos religiosos equivocados, las falsas creencias se multiplicaron: existe un Dios castigador, el ser humano es el rey de la naturaleza, la muerte es un castigo, los contrarios existen (bueno-malo, arriba-abajo), creencias erradas que motivan acciones equivocadas. Lo grave es que si se acepta que el mal existe, se debe concluir que fue “creado” por Dios porque “todo” lo creado es hechura de él. ¿Será que si?


La idea de un Dios castigador, un Dios que excomulga (aún hoy en día existen sacerdotes que amenazan con ello), un Dios que apunta las faltas y las cobra, le hizo un grave daño a las creencias pero sobre todo; le hizo un grave daño al concepto de evolución. Evolución es cambiar, crecer, confiar, ser solidario, amar, transformar, trascender. Ninguna de estas condiciones se da cuando existe el miedo. El concepto de vida que se transmitió fue de miedo, desconfianza, intimidación, peligro. Por ello, para vivir en forma diferente hay que cambiar de creencias y hay que revisar la idea sobre el mal y el bien. Porque no son creación de Dios. ¡El mal y el bien no existen! No hay nadie que vaya detrás de usted “apuntándole” las buenas o malas acciones.

El mal y el bien no existen porque es nuestra propia decisión, nuestra propia libertad, si se quiere, nuestra propia actitud, la que hace buenos o malos momentos; circunstancias para crecer y madurar o para amargarnos. De cualquier circunstancia por nefasta que parezca, se extrae una lección. Y a eso fue que vinimos ¡a aprender! Entonces aquello que parece “tan malo” se debe transformar en aprendizaje. Y cuando se acepta, dejará de ser “malo” y se aceptará que era una lección que debía vivirse. Y aún cuando suene a catástrofe, solo se reacciona si siguen sucediéndose momentos dolorosos; pero que enseñan porque como seres sociales, todos contribuimos con nuestra propia vida a ese aprendizaje.

Enseñamos y aprendemos. Aprender del momento difícil es una opción. Nuestro libre albedrío escoge cómo enfrentar las circunstancias. Culpando, juzgando, agrediendo, con la ley del talión o madurando y contribuyendo desde mi aprendizaje a la resonancia de un mundo mas solidario e incluyente. No es política de estado, solo es una decisión individual.