Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Salud emocional (171)

¿Esposa y amante?

Por: Gloria H.

Claro, pero nunca esposo y amante. Un hombre no soportaría la posibilidad de que su esposa tuviera una sucursal y verse obligado a compartir la pensión de jubilación con su rival. En este hecho de la “sucursal” es un de las circunstancias culturales donde mas se muestra la discriminación contra la mujer. Y la idea –nunca, ni jamás- es igualar por lo bajo y que entonces ambos, esposa y esposo, tengan sucursales.

El problema radica en las diferencias de criterios para abordar el tema. Para un hombre es “normal” tener dos y la jurisprudencia determina sobre ello. Pero ni soñar con lograr una determinación semejante respecto a la mujer. Las Cortes ni siquiera lo contemplan y claro, allí empieza la desigualdad.

Mientras el hombre en algún momento puede justificar asesinato o golpes, lleno de “ira e intenso dolor” cuando se encuentra su esposa con otro, las mujeres no pueden “ni sentir ira” (es natural el comportamiento masculino) y de ñapa, están obligadas a dividir su pensión porque a él se le ocurrió tener otra y nunca legalizó su situación.

Las leyes y la psicología van por caminos diferentes. Un ejemplo: la infidelidad como “violación de un contrato (el matrimonio)” merece una sanción legal, actitud totalmente coherente para el Derecho pero casi absurdo para la psicología porque el matrimonio no puede ser una obligación.

La cultura va a tener que revisar su concepción de pareja porque o adapta sus reglas y leyes a lo que viven y enfrentan cotidianamente los seres humanos, o le va a pasar lo mismo que a la jerarquía católica. Las gentes construyen vida al margen de lo que social o religiosamente se espera. La cultura va por un lado y cientos de personas intentan vivir de acuerdo a lo que sus circunstancias van determinando. No creo por ello que vamos camino al caos, sino posiblemente, desde la conciencia, buscando una coherencia mas acorde con la realidad de la vida.

En este caso de la pareja y de sus circunstancias. El cambio es inevitable, el matrimonio como institución está en la picota pública, pero los cambios conllevan respeto por la equidad entre hombres y mujeres. ¿Cómo construir una jurisprudencia “sólo” para hombres? ¿No es una forma acaso de ahondar la inequidad? Pienso que la ley se debió adaptar para cuidar y favorecer a los hijos (independiente del rol que hayan ocupado sus madres: esposas o amantes) y no para generar semejante “premio” al desorden masculino repartiendo entre mujeres lo que el hombre consiguió.