Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Salud emocional (178)

¿Marido homosexual?

Es un interrogante para muchas esposas. Más de una se pregunta por el comportamiento «raro» de su marido al percibir, ahora, que el hecho de que él se haya casado no es «garantía» de que sea heterosexual. Los hombres y las mujeres están cambiando y la cultura permite preguntas sobre la sexualidad en forma más directa. Los modelos de comportamiento «se quebraron» y existe la libertad –y el permiso- de asumir actitudes flexibles donde cada quien antes que cumplir con estereotipos, pueda permitir sentirse bien consigo mismo. O consigo misma. Así la cultura patriarcal, censure la libertad y el respeto por la diferencia.

Al grano. ¿Por qué hoy se «duda» del comportamiento heterosexual de los hombres? ¿Qué es un comportamiento «raro» en un marido? Antes que nada, porque al ser una sociedad de doble moral y al perseguir en forma tan demoledora al homosexualismo –que no es invento del siglo XX y que ha existido desde siempre- lo único que hizo fue obligar a los homosexuales a buscar –y encontrar- caminos de sobrevivencia. El matrimonio ha sido el escudo más apetecido, deseado y potente, para esconder el comportamiento homosexual que la cultura tanto censuró. Hoy se caen las caretas. Los homosexuales –o los bisexuales- tienen más libertad de movimiento, de expresión y de realización. El matrimonio sirvió de escudo protector; pero como las mujeres ya se atreven, hablan y preguntan. Surgen interrogantes sobre los comportamientos sexuales o que no satisfacen o que no se entiendan.

Aceptando que los estereotipos pueden hacer de las suyas. Sin olvidar también que en esa lucha por esconder lo imposible se acrecentó el machismo –dizque exceso de hombría- para esconder precisamente lo contrario. ¿Detrás de un machista se esconde un «sospechoso» homosexual? Una cultura que ha hecho gala de su «hombría» tapando el enorme temor que tiene de aceptar la fragilidad, las emociones, las intuiciones, la dependencia, el afecto, el miedo, la debilidad, la ternura. Ni hombres ni mujeres pueden vivir sin esas aptitudes injustamente calificadas como «femeninas». El varón, el macho, jugó a «arrancarlas» de su vida, prohibiéndoselas, censurándolas, burlándose de estas, criticándolas en quienes las asumieran (de allí su rechazo al homosexualismo) tratando en forma mágica de borrar afuera lo que no pudo digerir adentro. Tiempo perdido. Afortunadamente, hoy por hoy, se destapan comportamientos, se derrumban los mitos y se intenta vivir como se es.

Lo anterior no significa que no existan lesbianas en igualdad de condiciones que los homosexuales. En definitiva, cuando la sociedad patriarcal definió en forma tan radical y precisa los comportamientos sexuales, lo único que consiguió fue la polarización de los mismos, escondiendo en la actitud extrema aquello que tanto se teme. De paso, cercenando a un ser humano integral. Y no es que existen más o menos homosexuales que antes. La franqueza de comportamientos derrumba mitos, abre interrogantes y obliga a replantear criterios que pueden sonar muy escandalosos pero que no se frenan ni con censuras ni con represiones. En el mundo de la Ciencia la diversidad sexual recibe otra mirada. El tema, de suma importancia, puede producir ampolla porque toca con creencias, y mitos que de solo nombrarlos ya asustan. Pero está sobre el tapete y vale la pena empezar a asumirlo.