Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Salud emocional (181)

¿Y usted a que huele?

La expresión se la oí a alguien, que desde su especialidad, está dedicado a resolver y a sanar. El conto una metáfora bellísima. Si tenemos rosas y las guardamos en una bodega, herméticamente cerrada, afuera se sentirá el olor de las rosas. Si por el contrario, lo que guardamos en la bodega, por muy bien cerrada que esté, son depósitos de basura, afuera olerá a basura. Como quien dice que en el exterior huele lo que hay en el interior. Ninguna pared, ningún hermetismo, así sea físico, logra impedir que se respire de lo mismo que existe en un espacio cerrado puesto que es imposible detener energías, percepciones, olores o situaciones, así creamos que una pared, o una barrera física las detendrá. Las máximas universales dirían que «para todo afuera hay un adentro, y para todo adentro hay una afuera y aunque son diferentes, van juntos».

Entonces, ¿usted a qué huele? ¿Cuál es su olor particular? ¿Los demás que perciben de usted? ¿En su «bodega» que hay? No importa que quiera esconder o aún más que se quiera disfrazar. Podrá envolatar a algunos o algunas que tengan «la nariz» tapada. Pero necesariamente cada uno de nosotros «huele» a algo y ese olor es el que captan los que nos rodean. Ese olor es inconfundible. Usted puede decir palabras que de pronto no concuerdan con su olor. Y lo que queda de usted, sorpréndase, no son sus palabras sino su aroma. Por ello escuchamos a tanta gente hablar «bonito» pero sin la convicción que da el olor personal. Es como si fueran libros grabados, o repetidores de teorías, pero no llegan, es decir sus expresiones se convierten en cháchara. Porque es el «aroma» personal, lo que somos, aquello que convence o que repele. El olor es aquello que nos delata. El olor es aquello que nos da credibilidad. Nuestra particular manera de oler es, en definitiva, la que nos abre o cierra puertas.

Es lo que sucede con la gran mayoría de los políticos, de los comunicadores de ciertos conferencistas, quienes por mas que hablen su «olor» no convence. ¿Qué hay dentro de usted? ¿Optimismo, esperanza, alegría, confianza? O por el contrario, su aroma está mas cercana a la basura: resentimiento, hartera, hastío, criticadera, culpas, desesperanzas. De pronto nos encontramos frente a alguien que sonríe, que está atento, que es agradable, y no es que no tenga problemas. Imposible encontrar a un solo ser humano que no los tenga: ¡no sería humano! Pero esa persona «huele» bien y su olor interior se expande y llega a los demás. Es cuando hablamos de buenas energías, ambientes agradables, «no pesados». Es cuando las personas sin depender de su bolsillo, de su estatus social, de sus títulos o de sus angustias, transmite esperanza porque no tiene nada que perder. Porque maneja una conexión con la energía superior, porque vive al día, porque no anida rencores ni resentimientos en su corazón.

Pues bien, ¿por qué existen personas que «huelen» rico y otras cuyo aroma es insoportable? Un mal olor dinamita las energías y contamina a todo aquello que rodea. ¿Dónde está la diferencia de aromas? ¿Qué sucede para que a algunos la vida les ruede fácil y para otros les aparezca tan complicada? Depende del libre albedrio, la capacidad interior de decidirse por la solidaridad, la gratitud y el apoyo. Y escoger entonces aquellas herramientas que nos hacen mejores seres humanos. ¡Ese es tu olor!

Por: Gloria H.