Uno de los secretos mejor guardados del turismo

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Yo nací en Bogotá, crecí en la capital, estudié mi colegio y universidad en esta ciudad. Curiosamente mis novias de juventud no fueron bogotanas como yo, tampoco es que fueran muchas, pero siempre tuve la fortuna de conocer familias maravillosas de Cartagena, Medellín y Pereira a través de estas relaciones. El trabajo también hizo que conociera el país, me siento muy afortunado por los lugares y sitios que he podido observar, sentir y sobre todo disfrutar, sobre todo en esa Colombia que muchos no conocemos, por las razones que sean, pero que, si lo hiciéramos, nos daríamos cuenta de lo afortunados que somos de haber nacido en esta porción del mundo.

Hace unos años, aún viviendo en Bogotá, pero viajando permanentemente por el país como mi trabajo lo requería, empecé a pensar que me gustaría vivir en otra ciudad diferente, que sería bueno un cambio de aire para mi vida y porque no, empezar en un sitio nuevo, haciendo nuevos amigos, nuevos horizontes y nuevas perspectivas. Cuando le comenté a mi psicólogo esto, me miró y se sonrió y me dijo: “es normal, estás pasando por la crisis de los 40”, que según entiendo nos pasa de alguna manera a todos, y donde buscamos maneras diferentes de empezar una nueva vida.

Por casualidades de la vida, y para esos mismos momentos, se me presentó la oportunidad de venir a trabajar a Cali. La persona que me iba a ser mi jefe en ese momento, es un caleño que conocía ya desde mis épocas de universidad y que en Bogotá siempre hablaba de una manera especial de su ciudad y de las cosas maravillosas que tenía. El había tomado la decisión de volver y trabajar por la ciudad y me estaba invitando a hacer parte de ese equipo de trabajo que estaba conformando. Si en Bogotá hablaba bien de Cali, cuando me llamó a proponerme el trabajo, me dijo: “véngase que aquí se vive bueno, está todo por hacer y hacemos de esta ciudad el mejor vividero del mundo”. Yo que he sido soñador siempre, le creí, se combinó también con mi idea de salir de Bogotá y así aterricé para vivir en Cali hace ya siete años.

No todas las promesas de valor que mi ex jefe prometió se cumplieron, he pasado por momentos buenos y momentos malos, como todos en la vida, me he enamorado y me han roto el corazón también, he conocido gente maravillosa y también he tenido diferencias con otros. Pero lo cierto es que hoy, después de estos años de vivir en Cali, tengo claro que de aquí no me quiero ir, porque las frases de mi ex jefe siguen estando muy vigentes, esta ciudad y esta región son tremendo vividero y todavía queda muchísimo por hacer.

Hace un poco más de un año encontré un sector de la economía donde sí que es cierto que está absolutamente todo por hacer y donde se puede generar un crecimiento dinámico de la cadena de valor, que permita la creación de empleos, la generación de riqueza y el posicionamiento del Valle del Cauca como un referente. Este sector es el turismo; para una persona como yo, que no nací o crecí aquí, ha sido un descubrimiento alucinante ver todas las maravillas con las que cuenta esta región y aunque he hecho juicioso la tarea de recorrer el departamento, creo que todavía me quedan infinidad de sitios que no conozco y que seguramente me seguirán sorprendiendo por su belleza y por su potencial para convertirse en referente del turismo nacional e internacional.

Sin embargo, y de nuevo soy reiterativo, en este sector, está todo por hacer. Los atractivos están, pero hay que volverlos productos y productos de calidad que atraigan la movilización de turistas. El turismo en la región está relacionado con los cuatro tipos de turismo que el gobierno nacional ha priorizado para este cuatrienio, como son el turismo de naturaleza, el turismo de salud, el turismo cultural y el turismo de convenciones. En naturaleza tenemos una potencialidad enorme, desde temas como el avistamiento de aves y ballenas, como los páramos, lagos, el paisaje cultural cafetero, el parque natural los farallones por mencionar algunos casos. En cultura, la salsa, los ritmos del pacífico, el turismo religioso y la gastronomía son ejemplos vivos de la riqueza cultural del departamento. Cali se ha convertido en un destino principal en todo lo que tiene que ver con procedimientos médicos, que no se remiten solo a lo estético, sino a diferentes especialidades. Así mismo cada día llegan convenciones, congresos y reuniones de todo tipo a realizar sus eventos en la ciudad.

Hay claramente que ver el vaso medio lleno y no medio vacío, ya existen muchos avances en diferentes temas, la capacidad hotelera de Cali es significativa, tenemos empresas de transporte de muy buena calidad, operadores turísticos, agencias de viajes receptivas, una gastronomía de muy alto nivel y muchas otras características más. Pero nos queda mucho por hacer, hay que aumentar el nivel de la calidad de los productos, explotar sus potencialidades, llevarlos a un nivel de clase mundial. También existen muchas oportunidades de creación de nuevos negocios, de empresas soporte a la industria turística.

En general este es un llamado para que empecemos a ser conscientes de lo que tenemos y de las posibilidades con las que contamos para generar un desarrollo importante y significativo del turismo en nuestro departamento. Para mí, el Valle del Cauca es un secreto muy bien guardado en términos turísticos y hay que darlo a conocer, posicionarlo como destino, para que muchos turistas lleguen y se enamoren como yo, de esta tierra, pero también hay que mejorar capacidades de los prestadores de servicios. Pero lo verdadero y cierto es que estamos ante todo una cantidad de oportunidades maravillosas para la región.

En este proceso de escribir esta columna, les seguiré compartiendo mis opiniones acerca de los lugares y destinos que tenemos en el departamento. Y podrán leer eso, mis opiniones, sobre las cuales podemos estar de acuerdo o no, pero con las que quiero aportar mi grano de arena para el crecimiento del sector y para por supuesto conocer otros puntos de vista de lo que pasa en el mismo.

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