Revista Digital CECAN E3

Examinar. Entender. Evaluar

Aprender de lo negativo

Parece un contrasentido, pero lo positivo como objetivo primordial por alcanzar, puede ser tan perjudicial como todas las dosis de negativismo que a veces nos invaden. Hemos aprendido a medir los efectos desastrosos de lo negativo y se considera por lo tanto, que lo adecuado es lo positivo. Entonces, cual caballos desbocados, nos damos a la tarea de encontrar situaciones positivas, a como dé lugar.

Construimos noticias positivas, actitudes positivas, ideas positivas, oficios positivos, comportamientos positivos, relaciones positivas. Lo positivo como objetivo de vida esperando que esta “actitud positiva” nos lleve a ver y actuar de otra manera. Sobre todo en el comportamiento humano, la búsqueda de lo positivo ha llevado a la cultura occidental a una carrera loca por inventarse situaciones que no tengan ni una sola dosis de negativismo. Y cuál péndulo movido por el viento, estamos oscilando hacia lo positivo, esperando encontrar, por fin, la panacea que de la felicidad.

Sin embargo, lo positivo tiene un sabor extraño, a veces huele a mentira, a trampa. En especial cuando se dice “sea positivo” y usted no sabe qué hacer con su aburrimiento o su hartera. Casi es como una bofetada que presiona para que seas positivo cuando lo negativo invade hasta el último rincón de la vida. ¿Cómo hacer? Aun cuando parezca absurdo, luchar por lo positivo, es tan nefasto como vivir en lo negativo. Lo positivo como lo negativo separados, constituyen sólo una parte de la realidad. Lo positivo, solo positivo, es una mentira porque no existe. Lo negativo, sólo lo negativo, es otra mentira, porque tampoco existe. Lo positivo no existe sin lo negativo y viceversa.

Como quien dice que pasar de actitudes negativas a actitudes positivas sólo significa cambiarle de nombre al problema. Significa asumir la vida parcialmente y no encontrar el equilibrio, palabra tan difícil de practicar en el diccionario de la cotidianidad. Vivir en actitudes positivas es igual a vivir en actitudes negativas: es vivir en una mentira, en un paraíso irreal que no ayuda a crecer y a colocar los pies en la tierra. Los sentimientos y emociones críticos, así como los momentos negativos son “cursos de aprendizaje” para lograr el equilibrio.

No pueden asumirse como nefastos porque se suprime una fuente de conocimiento de nosotros mismos, de nuestro entorno y de nuestras reacciones. No se puede olvidar que aquello que talla es lo que se tiene por aprender. Lo negativo es parte del proceso de crecer. Y lo positivo “puro” no se da porque somos seres en proceso de conocimiento y de aceptación para seguir evolucionando. Carl Jung lo cataloga como “la sombra”, aquello que no se puede desechar y es necesaria para crecer y encontrar el equilibrio.

Vivir en lo positivo es una manera de desconocer la realidad. Así como no existe vida positiva, no existe vida negativa. De allí que las frustraciones y “aterrizajes de barriga” sean tan comunes en los positivos. El equilibrio es lo único que nos ubica en el plano de la aceptación, del aprendizaje y del manejo de la responsabilidad con nuestra propia vida. Aceptar el equilibrio, negativo y positivo, es una buena brújula para manejar la realidad.

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