Por: Sergio Lucumi Lucumi

Es mentira que los paperos de Colombia y el resto del agro colombiano están arruinados por causa de la pandemia. En Colombia desde la aparición de los tratados de libre comercio (TLC), se firmó la sentencia de muerte de la industria nacional y sobre todo la del agro colombiano, porque un país que no desarrolla su industria debe estar destinado no solamente a recibir en altos costos los insumos y mercancías que llegan de otros países, si no también a arruinar a los pequeños productores.
Esto, más si es de parte de grandes naciones como Estados Unidos, que de cierto modo siempre está afectando con sus paradigmas económicos, en las decisiones de Colombia. Hoy los paperos del país están viviendo una tragedia económica, que vulnera su tradición cultural y sus prácticas de sustento, cientos de campesinos han perdido miles de toneladas de papa, las regalan en las carreteras porque no tienen como venderlas, y como si fuera poco, los castigan diciendo que esto es culpa de la pandemia.
La papa la están trayendo de Europa, de Canadá y otras partes del mundo, con aranceles muy bajos, cuando en el país se pueden producir más de 5 tipos de papa. El Senador Jorge Robledo del partido Dignidad, miembro de la comisión quinta (5ta), venía advirtiendo desde el 2004 que, si Colombia le decía “Sí” a los TLC, se arruinaría el agro colombiano, hoy tenemos que darle la razón. Poco a poco se han ido desapareciendo las grandes producciones agrícolas del país, se ha desaparecido: el sorgo, la cebada, el maíz blanco, y estamos a punto de decirle fin a la papa.
El senador Jorge Robledo en su libro “Por qué decirles No al ALCA y al TLC” en 2004 dijo: “En el agro colombiano desaparecerán de una vez y por todas, o se reducirán hasta la insignificancia, las producciones de algodón, frijol, cebada, maíz y los otros cereales que golpeó la apertura (del TLC), e igual le ocurrirá a la de arroz, que hasta ahora (2004) ha sufrido en menor medida dada la valerosa lucha de sus productores. También sufrirán hasta arruinarse, todos o muchos de quienes producen azúcar, papa, carne de cerdo, de pollo y de res, leche, huevos y palma africana, por la simple razón de que la existencia de esos productos se explica por la notable protección de la que aun gozan y que desaparecerá en el plazo en que se pacte, tales como aranceles a las importaciones, cuotas de importación y otros mecanismos”.
En Colombia el problema del crecimiento y su potenciación está dirigido a la ligadura y sometimiento que han tenido todos los gobiernos desde hace más de 40 años al imperialismo de los Estados Unidos. Las directrices de la OCDE, el FMI y el Banco Mundial, han servido a grandes potencias, las asesorías de estos posicionan en los mejores lugares a los grandes imperios, pero al pueblo colombiano solo lo arruinan y lo que hacen es que incremente su deuda pública.
Mientras gobierno nacional siga firmando TLC sin prever las consecuencias, pronto la gran capacidad agrícola que tiene el país desaparecerá infortunadamente, seguirá siendo tercermundista y esta vez sin la capacidad de potenciarse. La mirada que deben dar hoy todos los colombianos está en ver como se organizan para decirle no a los TLC, y volver a fortalecer la industria. Así sería la forma en que el país y su mas de 70% de campesinos desplazados, puedan volver a practicar sus formas de trabajo ancestral.
En Colombia 110.000 familias dependen de la producción de la papa. El total de familias en Colombia es de aproximadamente 11’000.000 de familias. Según el análisis de esta columna, el 99% de las familias colombianas deben pagar una papa mas cara (mediante un arancel) para beneficiar a ese 1%.
Es totalmente injusto con la mayoría de la población una propuesta de este tipo sobre todo si tenemos en cuenta que el 19% de la población se encuentra en pobreza multidimensional. Es decir que por favorecer a un 1% de la población afectamos la canasta familiar del 19% mas pobre de los colombianos.
Por lo que hay que trabajar es para que el cultivo de la papa y otros productos agrícolas se pueda hacer a precios competitivos internacionalmente en lugar de ponerle un sobrecosto que pague el consumidor interno.
Muchas veces propuestas bienintencionadas pero poco analizadas hacen mas daño que provecho en la realidad nacional.